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Opinión
sábado 30 de julio de 2016, 01:00

Tacumbú Hotel Narco Vip

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Ingresar a la estancia Cuatro Filhos, en las afueras de la ciudad de Yby Yaú, Concepción, es como entrar a un territorio del realismo mágico, con un escenario que ni siquiera García Márquez se hubiera atrevido a imaginar.

Al costado del acceso hay altas esculturas de ángeles tocando trompetas, junto a bases de mármol negro que sostienen enormes copias de la Biblia, abiertas de par en par, con leyendas religiosas en portugués y castellano, como este versículo del Éxodo: "Não terás outros deuses diante de min" - "No tendrás otros dioses delante de mí".

Junto a la mansión principal, con piscinas, discotecas y canchas de bowling, hay un gran templo sobre una colina, pintado de vistosos colores verde, amarillo y rosa.

Desde ese rincón de excéntrico y místico lujo, en un terreno de casi 900 hectáreas, el brasileño-paraguayo Jarvis Chimenes Pavão se convirtió en "el más importante jefe del narcotráfico fronterizo", ligado al Primer Comando Capital (PCC), según la Justicia brasileña, desde donde jugaba al tuka'e kañy con la Policía y la Justicia, durante años.

Hasta que en diciembre del 2009, un operativo conjunto de la Senad paraguaya, la Policía Federal brasileña y la DEA norteamericana logró atraparlo con uno de sus socios, Carlos Capilho Caballero, y condenarlo a ocho años de cárcel por lavado de dinero, a lo que deberá seguir su extradición a Brasil, donde le esperan tres condenas por narcotráfico.

Prácticamente todos sabíamos que Jarvas (como lo llaman en la frontera norte) seguía dirigiendo su organización desde la cárcel, y lo hacía desde una lujosa y confortable celda vip.

Lo que no sabíamos era que la corrupción penitenciaria le había permitido instalar el mismo ambiente de excéntrico y místico lujo que tenía en su estancia de prófugo, produciendo un escandaloso contraste de inequidad con ese antro de hacinamiento y degradación humana que es la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, donde tantos presos humildes deben dormir en el piso, apiñados en los pasillos.

Aquí lo escandaloso no es tanto descubrir los detalles de la habitación cinco estrellas del Tacumbú Hotel Narco Vip, sino que un recluso haya podido tener libremente a su disposición toda la estructura de comunicación, facilitada por los propios funcionarios del Estado, para seguir dirigiendo los operativos de su organización delictiva, sin ninguna restricción. Entonces, ¿de qué sirvió haberlo apresado?

También es difícil de creer que las máximas instancias del Gobierno y de la Justicia no sabían que esto estaba pasando, o que solo la ministra y los funcionarios ahora destituidos eran responsables.

Hubo reiteradas denuncias sobre esta ilegalidad, a las que no se hizo mínimo caso. Hubo informes firmados por el propio presidente de la República, asegurando al Congreso que no había celdas vip. Hubo un juez que intentó frenar el traslado de Jarvis desde Tacumbú. ¿Quién nos asegura que los narcos no seguirán dando órdenes desde sus celdas, sean o no vip?