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martes 14 de marzo de 2017, 02:00

Sumido en “reflexión y autocrítica”, cura prefiere el silencio

Desde la casa de retiro Emaús, en Luque, donde guarda arresto domiciliario, el cura Silvestre Olmedo se recupera –dice– del golpe emocional que le causó pasar unos días tras las rejas por un caso de coacción sexual.

Pepe Vargas

Llevaba puesta una remera blanca, en cuyo centro resaltaba un retrato suyo en primer plano junto a su madre. "CDE está contigo. Sus fieles esperan justicia", se dejaba leer en la parte superior. Abajo, "una madre llora y espera a su hijo consagrado", rezaba la inscripción impresa en la tela.

Es un presente que sus familiares de Ciudad del Este le acercaron el domingo pasado y lucía ayer cuando recibió de buen grado a un equipo de ÚH. Si bien prefirió no conceder una entrevista formal, debido a que le resulta difícil hablar sobre lo ocurrido, comentó que se encuentra sumido en una profunda reflexión sobre lo que le tocó vivir, ya que incluso pasó un fin de semana en el Penal de Emboscada.

"En estos días que pasé todo esto, me llevó a mucha reflexión, muchos pensamientos. Después de los hechos, uno reflexiona, saca sus propias conclusiones, hace una lectura y relectura de lo que propiamente pasó. Ciertamente, uno va sacando las propias conclusiones. En ese sentido, hay muchas preguntas detrás de esto y, por supuesto, tratar de responder a ciertos interrogantes, a preguntas que se le presentan a uno mismo", manifestó ya sentado en un sofá de un amplio salón donde se siguen en la pared imágenes del papa Francisco, Benedicto XVI, Juan Pablo II y otros.

Aclaró que no estaba en condiciones óptimas, tanto emocional como física, para hablar abiertamente de la denuncia formulada en su contra por la joven Alexandra Torres, quien le acusó de manosearla.

Ante la consulta sobre qué preguntas se hace en su fuero interno, contestó: "Y la autocrítica misma, la reflexión, el pensamiento y la imaginación de lo que he hecho; traté de interpretar y, lógicamente, entra en juego la espiritualidad de cada uno, en este caso y cómo Dios se hace presente también en medio de tantas dificultades. Es una situación que no es fácil y con más libertad voy a estar expresando esto más adelante para que la opinión pública tenga sus propias conclusiones".

Adiós Limpio. El padre Silvestre, de 57 años, tiene 28 años de servicio sacerdotal. Hoy es consciente de que ya no volverá a impartir misa, por lo menos en la parroquia San José de Limpio.

El arzobispo Edmundo Valenzuela nombró al padre Aldo Bernal en su reemplazo. "Muy pocos son los casos que se dan en que uno regresa donde ya estuvo, salga como salga. Muy difícil ya que vuelva, además que es una decisión del obispo que nombró a un párroco", mencionó el presbítero que cada tanto se frotaba el hombro izquierdo y parte del antebrazo como gesto aparente de una dolencia cardiaca.

En efecto, el cura atravesó al menos dos crisis hipertensivas motivadas por la noticia de que debía guardar reclusión en una penitenciaría. "Estoy en un estado de emoción todavía por el impacto que esto ocasionó en mi persona (...) Nadie quiere ni espera como todo ser humano, más en mi lugar, claro que no desearía ir", dijo en alusión a las horas que le tocó pasar tras las rejas.

"La prensa jugó en contra mía de cierta manera; eso es lo que puedo decirle en este momento. Más adelante cuando se vaya esclareciendo el proceso estaré dispuesto a hablar. Esa es mi versión ahora", manifestó el religioso sin muestras de rencor alguno con los medios de comunicación.