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Mundo
viernes 14 de abril de 2017, 12:16

Sueños, tradición y títeres se entretejen en Ecuador en favor del patrimonio

Quito, 14 abr (EFE).- Sueños, recuerdos, tradición y títeres se entretejen en Ecuador para conservar el patrimonio cultural e inmaterial a través de la obra "Soy Yumba: el espíritu de las mujeres", que busca mantener viva y fortalecer la expresión cultural de la Yumbada, una manifestación cultutral del periodo colonial.

El interés de la obra, que dura 50 minutos, es "poner en diálogo a las artes escénicas, en este caso, el lenguaje de títeres, con el patrimonio cultural e inmaterial", dijo a Efe Giovanna Valdivieso, del proyecto "Sueño Yumbo", que quiere, además, con la pieza artística, poner en relieve temas relacionados con la mujer.

Opinó que las artes escénicas son un formato "fabuloso, didáctico y sensible" que permite hablar "de otras cosas que están mas allá de la racionalidad", como aspectos simbólicos, rituales y mágicos.

Aunque los creadores del proyecto no eran expertos en títeres, apostaron por esa vía debido a la facilidad que encontraron para referirse con ellos a "personajes mágicos, al hablar de los cerros, de la dinámica de los sueños, de una manera sencilla", comentó.

Precisamente, la génesis de la obra fue el relato de un sueño de Fanny Morales, quien lidera la Yumbada de Cotocollao, en el norte de Quito, la capital de Ecuador. En ese sueño -relató Valdivieso- Fanny recibió el pedido de su padre para que, a su muerte, herede su titularidad en el grupo.

Fanny Morales se convirtió en la primera mujer cabecilla de la Yumbada de Cotocollao, una manifestación popular de la época de la colonia relacionada con el mundo indígena, en la que los danzantes se disfrazan de personajes de la selva a los que se denominaba yumbos.

Para agradecer la fertilidad de la tierra, los yumbos danzan con plumas en la cabeza, con una gran lanza hecha de chonta, una madera de una planta amazónica, y otros atuendos, contó Valdivieso, una investigadora en cultura con estudios en antropología.

Entre algunos de los elementos propios de la Yumbada mencionó los trajes, a los bailarines y al "mamaco", un personaje que toca música a través del pingullo, una pequeña flauta con tres huecos que antes se elaboraba en hueso y ahora en madera, y el tambor, hecho de madera con cuero de animal que se toca con un palo de madera.

Relató que la fiesta de la Yumbada, que dura tres días, tiene igual número de momentos, que inician un viernes con la recogida de los danzantes en sus casas, sigue el sábado con la prendida de la pirotecnia y el baile en la plaza, y termina el domingo con varios rituales y con la gente compartiendo una mesa comunitaria.

"Los yumbos todos los años se vuelven a juntar para bailar tres días desde hace muchísimos años", anotó Valdivieso, quien subrayó que en la obra de títeres se centraron en el papel de la mujer en la Yumbada, antes más ligada a temas organizativos.

Apuntó que en muchas de las fiestas de este tipo en el mundo indígena, la danza "era exclusiva de los hombres", pero las mujeres siempre han estado en la fiesta.

"Han cumplido un rol fundamental porque ellas, a través de esa gran organización y logística que tienen como cuidadoras, hacen posible la fiesta: están pendientes de la comida, de la bebida, de los trajes", entre otros elementos, pero antes "solo eran espectadoras", relató.

"Ya con el paso de los años y con todo el espacio que las mujeres mismo se han ido ganando, poco a poco han ido ocupando otros espacios y la fiesta no ha sido una excepción", resaltó.

Por ello destacó el montaje de la obra, que permite sensibilizar sobre el rol de las mujeres en los espacios comunitarios "y cómo en la fiesta también su rol es vital tanto acompañando a la fiesta como siendo parte central" de la misma, reiteró.

Detalló que en la obra se presentan unos veinte personajes, entre los que se incluyen muñecos realizados por Inés Morales, madre de Fanny.

Vestidos de negro absoluto, para no distraer la vista del público sobre los muñecos, Valdivieso y Javier Herrera manejan los títeres, que miden entre 25 y 30 centímetros y que interactúan sobre una mesa durante la obra, en la que se entrelazan las historias de diez bailarines de la Yumbada de Cotocollao, integrada por 60 personas, que buscan mantener latente la tradición.

Susana Madera