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Opinión
martes 14 de febrero de 2017, 02:00

Soy grosero y loco

Enrique Vargas Peña
Por Enrique Vargas Peña

Admito que cuando debo ocuparme de las trapisondas de Horacio Manuel Cartes Jara pierdo la compostura y digo groserías y cuando, por alguna casualidad, no las digo, siento muchos deseos de decirlas.

Con lógica razón, los amigos de Cartes se aprovechan de mi incapacidad para mantenerme compuesto y confunden mis groserías con alguna suerte de locura derivada del supuesto despecho que siento por haber sido despedido del Grupo Cartes, supuesto porque ahora tengo más y mejores trabajos y soy libre.

Estoy escribiendo sobre esto porque estas dos o tres semanas que tenemos por delante serán muy importantes para nuestra democracia, pues el señor Cartes corre el riesgo, durante las mismas, de perder su apuesta por perpetuarse en el cargo de presidente de nuestra República y por tanto todos los que trabajamos por que el sistema democrático siga vigente nos veremos exigidos al máximo en nuestro sentido crítico, y cometí el error de servirles juzgarme por mis groserías, lo que les permite evadir mis críticas, que por suerte no son las únicas, ni son aisladas, ni son las más elocuentes, pues todo el país ya ve ahora lo que es Cartes.

Es verdad que soy grosero. Pero es también verdad lo que vengo criticando del señor Cartes, por lo cual me despidieron del grupo que dirige, y que nadie puede desmentirme: Que ha creado un gobierno paralelo, que funciona en la fundación Ñande Paraguay, que es el gobierno real de nuestro país aunque nadie lo ha elegido ni es democrático; que ese gobierno paralelo está dirigido por un politburó de cinco miembros (Sarah Cartes, Juan Carlos López Moreira, Francisco Barriocanal, José Ortiz y Osvaldo Salum) que dan las órdenes que deben seguir los funcionarios pagados por el pueblo paraguayo, desde el presidente de la Cámara de Diputados hasta el fiscal general del Estado, pasando por senadores, ministros de la Corte, policías, militares y, por supuesto, ministros del Ejecutivo y directores de entes; que el programa de ese gobierno paralelo es perpetuarse en el poder y que su objetivo es lograr negocios para el grupo Cartes y sus integrantes, socios, aliados y amigos.

Es verdad que soy grosero. Pero también es verdad que desde el politburó del grupo Cartes están minando el funcionamiento democrático de nuestras instituciones, legislando por decreto como en el caso del impuesto a la renta personal, endeudando a la República sin consentimiento del Congreso como en el caso del veto del presupuesto 2017, atribuyéndose negocios sin control como en el caso de la ley de alianzas público-privadas, destruyendo el control civil sobre las fuerzas militares y policiales como en el caso de la ley de la Fuerza de Tarea Conjunta, convirtiendo el Estado de todos los paraguayos en un instrumento sectario como lo anunció Juan Afara a las radios del interior, usando licencias públicas para forzar la sumisión de grandes empresas como se constata en la integración del Consejo de Radiodifusión.

Soy grosero y es una torpeza de mi parte dar a los restauradores del régimen autoritario, a los secuestradores de nuestra libertad, la excusa de mi grosería para evadir la discusión de los atropellos que ya cometieron y tienen anunciado seguir cometiendo en contra de nuestra Constitución, como la reelección vía enmienda.

Yo digo groserías, es cierto, mientras Cartes y sus fuerzas destruyen la democracia. Frente a ese crimen de Cartes, es más cierto todavía que ser grosero es una torpeza imperdonable, pues facilita el camino a los opresores. Mil disculpas.