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Opinión
domingo 7 de agosto de 2016, 01:00

Sombras tenebrosas

Por Guido Rodríguez Alcalá

Los mayores de cierta edad (no quiero decir los años) recordamos la serie televisiva Sombras tenebrosas, en inglés Dark Shadows. Shadows significa sombras, en sentido literal y también póra; dark significa oscuro, en sentido literal y también figurado (siniestro, funesto). Por eso los ecologistas norteamericanos llaman Ley Dark (Dark Act) a la sancionada hace unos días por Barack Obama. Dark, al mismo tiempo, contiene las iniciales de Deny Americans the Right to Know: negar a los americanos el derecho a saber. ¿A saber qué? Qué es lo que comen.

Las leyes del país exigen que los productos alimenticios, en la etiqueta, digan cuánta azúcar, sal, etc., contiene cada paquete, botella, lata, etc. ¿Por qué no los OGM? Entiéndase si contienen organismos genéticamente modificados o transgénicos. Porque no lo quieren Monsanto ni otras empresas del negocio. Hace algunos años, se pidió al Congreso que los productos OGM fueran etiquetados, para que el comprador tuviera el derecho a elegir. ¿Por qué no? Era una petición en un país regido por la ideología neoliberal; al final de cuentas, Derecho a elegir se llama el libro más conocido de Milton Friedman, pope neoliberal. Pero no. Los grupos de presión impidieron que el Congreso lo aprobara como ley nacional. Hay parlamentarios en venta en el Paraguay y también en los Estados Unidos; a la hora de votar, mandan quiénes financiaron las campañas electorales de los representantes del pueblo. Conste que, según encuestas respetables, el 93% de los norteamericanos están a favor del etiquetado, lo cual explica la reticencia de los miembros del Congreso y de sus patrocinadores.

Entonces los activistas optaron por otra táctica: trabajar a nivel de los estados. Y así fue como los estados de Maine, Connecticut y Vermont aprobaron disposiciones locales que exigían el etiquetado de los OGM. Eran minoría, pero creaban serios problemas a los del rubro OGM: para vender en esos estados debían etiquetar una parte de su mercadería. Para ellos, lo peor del caso era que el ejemplo se contagiaba, y podían verse obligados a decir qué era lo que vendían en la totalidad de los Estados Unidos. Podemos preguntarnos: si sus OGM eran tan buenos, ¿por qué se sentían tan amenazados? ¿Acaso la mayoría, el 93% de sus paisanos, no tenía la lucidez suficiente para comprender los beneficios de la manipulación genética? Quien nada debe, nada teme.

Sin embargo, Monsanto y sus colegas se sintieron amenazados, y de allí nació la Ley Dark. ¿En qué consiste? En prohibir, a nivel nacional, un etiquetado efectivo de los OGM. Con la Ley Dark quedan sin efecto las disposiciones estatales de Connecticut, Maine y, sobre todo, las de Vermont, las más estrictas para proteger al consumidor. Con la nueva ley se les concede a las empresas interesadas el derecho de poner etiquetas claras (como se quiere), o poner un código de barras para leerse con un celular, o un número de teléfono para llamar y preguntar si sus enlatados tienen o no tienen OGM. ¿Por qué la ocultación, por qué el retaceo de los derechos del consumidor? Porque, como dijo un hombre de Monsanto, si se impone el etiquetado, las ventas de Monsanto van a caer en picada. Es posible, pero si hay etiquetado en 65 países, no hay por qué prohibirlo en EEUU.