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lunes 31 de octubre de 2016, 01:00

Solidaridad cristiana

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 14, 15-24.

Jesús había sido invitado a comer por uno de los fariseos importantes del lugar y, una vez más, utiliza la imagen del banquete para transmitirnos una enseñanza importante sobre aquello que hemos de hacer por los demás y el modo de llevarlo a cabo. Dirigiéndose al que le había invitado, dijo el Señor: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa.

Por el contrario, indica Jesús enseguida a quiénes se ha de invitar: a los pobres, a los tullidos y cojos, a los ciegos... Y da la razón de esta elección: serás bienaventurado porque no tienen para corresponderte; se te recompensará en la resurrección de los justos.

Los amigos, los parientes, los vecinos ricos se verán obligados por nuestra invitación a corresponder con otra, al menos de la misma categoría o mejor aún. Lo invertido en la cena ha dado ya su fruto inmediato. Esto puede ser una obra humana recta, incluso muy buena si hay rectitud de intención y los fines son nobles (amistad, apostolado, aunar lazos familiares...), pero, en sí misma, poco se diferencia de lo que pueden hacer los paganos.

A propósito del Evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo. Hermanos cardenales, Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad es la misericordia. La que Él nos ha dado y cada día tiene con nosotros.

Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Y esto es lo que el Señor nos pide a nosotros. Queridos hermanos cardenales, el Señor Jesús y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad”.

(Del libro Hablar con Dios y http://es.catholic.net/op/articulos/10426/cat/331/sobre-la-eleccion-de-los-invitados.html)