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Opinión
viernes 29 de julio de 2016, 01:00

Sin referentes claros, la violencia se impone

Por Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Amigos, yo no sé ustedes, pero me interroga el aumento de la violencia. Lastimosamente, hasta los "no violentos" se vuelven impositivos, cínicos y crueles en sus luchas. Parece que el EPP está lejos en el bosque, que los radicales islamistas solo viven en Siria o en Francia, parece que por acá no nos afectarán esos desquiciados que salen a las calles a matar compatriotas o a secuestrar niños y que si nos deshacemos de algunos ya basta. Parece que los violentos son solo los que penan en la cárcel. Pero no es así. La violencia está entre nosotros.

La sociedad enferma tanto con el consumismo y la corrupción como con las ideologías con lenguaje buenista, porque en estos sistemas reina la mentira, y la mentira está en la raíz de la violencia. Pero lo peor de estar enfermos es no saberlo o si se sabe no admitirlo, mirar a otro lado y hacer como que no pasa nada. Así vemos que en Facebook mucha gente anda con la carita feliz, con mil fotitos y mil mensajes light, pero en casa, en la escuela, en el colectivo, en la cancha, en la plaza, andamos todos exasperados, inflamables, por así decirlo.

Imagínense para los educadores, padres, maestros, líderes religiosos, periodistas, que son los nuevos educadores del pueblo, lo difícil que es sembrar realistamente esas semillas de equilibrio social que se llaman REFERENCIAS SANAS. Me explicaba una sicóloga amiga que muchos de sus pacientes sufren a causa de la ausencia de referentes sanos: padres ausentes, egoístas o permisivos, pastores distraídos, maestros alienados... así se genera un sistema enfermizo. Sí, leyó bien, no estoy hablando de la suba del dólar o la baja del Pilcomayo. Hablo de un clima moral que estamos generando los de arriba y también los de abajo al no ser claros. Es un sistema o una red de sistemas insanos que provocan víctimas reales, concretas. La raíz se puede asociar a la falta de referencias, certezas elementales custodiadas como un bien por todos.

La primera de ellas es que la vida de cada persona es valiosa porque posee una dignidad. Si no somos capaces de encontrar, reconocer y valorar las certezas elementales, se expande la incertidumbre que es hermana del miedo y este es padre de la violencia.

Muchos nos dicen que la clave es controlar la conducta, algunos hasta hablan de una reingeniería social para lograrlo, pero erróneamente ametrallan con un "enfoque de derechos" malinterpretado, donde el individuo y su ego se sienten los únicos protagonistas, mientras las otras personas no poseen ya un valor absoluto, sino que su existencia se considera potencialmente peligrosa, un obstáculo, algo de lo que hay que defenderse.

En contraste, pulula un lenguaje políticamente correcto que parece tratar de emparchar la realidad reduciendo los límites, los imprevistos y el riesgo de la libertad. El control total es tan insano como el desorden. Lo sano es saber profundizar en lo que es verdadero, bello y bueno, pero para ello necesitamos referentes valientes, sencillos y claros. Así de intenso.