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Opinión
miércoles 10 de agosto de 2016, 01:00

Si va a conducir, no beba...

Por Susana Oviedo, soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

Suena tan obvio y parece tan fácil de seguir la máxima de que si uno va a conducir, no debería beber alcohol. No solo por seguridad personal, sino, sobre todo, para no exponer a terceros. Sin embargo, son cada vez más frecuentes los accidentes fatales ocasionados por conductores alcoholizados.

¿Cuántas vidas segadas por tamaña irresponsabilidad hay que sumar para ocuparse de este asunto desde una perspectiva de política de Estado?

En este tema hay varios puntos que analizar: Uno de ellos tiene que ver con la intencionalidad. Si alguien bebe en exceso, y a sabiendas de que esto implicará una reducción en sus capacidades para conducir, y aún bajo este riesgo lo hace, es porque no tiene la más mínima consideración hacia los demás. Dicho de otro modo, le da igual el resto de los mortales.

El alcohol disminuye la habilidad para conducir; por eso está prohibido guiar un rodado en tales condiciones. Por eso las recomendaciones preventivas, las multas y los eventuales controles de viernes de noche. Por eso los servicios de chofer designado o simplemente la opción de montarse en un taxi. ¿Pero qué más hay que hacer para no estar lamentando la pérdida de más vidas humanas por culpa de personas que no conocen de límites. Que no se valoran ni valoran a los demás?

En el país ya hemos visto muchos ensayos al respecto. En Asunción por ejemplo se adoptó por ordenanza la medida de restringir el horario de venta de bebidas alcohólicas y el horario de cierre de los locales nocturnos. Como resultado, hubo una migración de la farra nocturna hacia las ciudades vecinas. El problema simplemente se trasladó a otros municipios. El famoso "edicto Riera" se derogó unos años después.

Cuando Eduardo Petta fue director de la Policía Caminera inició también varias campañas de concienciación en la ruta. Cuando fue cambiado, terminaron esas iniciativas.

Existe la prohibición de venta y consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y horarios restrictivos con la misma finalidad, en las estaciones de servicio (servicentros). Pero nadie cumple.

Y es que no hay una mirada integral del problema que permita soluciones ídem. Lo que hasta ahora hemos visto son acciones efímeras y efectistas, cuando lo que se necesita es educar a la población, comenzando con los niños en la escuela. Se necesita instalar conciencia y buenas prácticas, pero a través de campañas de largo plazo.

Empezar por cuestiones básicas, como respetar al otro. Faltan sanciones que desalienten las actitudes irresponsables. Restringir las chances de corrupción en instituciones como la Policía Municipal de Tránsito, la Policía Caminera y las municipalidades que "venden", sin necesidad de examen, los registros de conducir. Urge construir ciudadanía.