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domingo 31 de julio de 2016, 01:00

Ser ricos en Dios

Hoy reflexionamos el evangelio de San Lucas 12,13-21.

Nos enseña el Señor que poner el corazón, hecho para lo eterno, en el afán de riqueza y bienestar material es una necedad, porque ni la felicidad ni la misma vida verdaderamente humana se fundamentan en ellos: no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que posee.

El rico labrador de la parábola revela su ideal de vida en el diálogo que entabla consigo mismo. Se le ve seguro de sí porque tiene bienes, y en ellos basa su estabilidad y felicidad. Vivir es, para él, como para tantas personas, disfrutar lo más posible: hacer poco, comer, beber, darse buena vida, disponer de bienes de repuesto para muchos años. Este es su ideal; en él no hay ninguna referencia a Dios y tampoco a los demás. Nada que le lleve a ver la necesidad de compartir con otros los bienes recibidos.

¿Y cómo asegurar este sentido puramente material de sus días?: Almacenaré... Sin embargo, todo lo que no se construya sobre Dios está edificado en falso. La seguridad que dan los bienes materiales es frágil, y también insuficiente, porque nuestra vida no se llena sino con Dios.

El papa Francisco al respecto del evangelio de hoy dijo: “...El Evangelio de este domingo nos llama la atención precisamente sobre lo absurdo de basar la propia felicidad en el haber. El rico se dice a sí mismo: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”.

“Queridos hermanos y hermanas la verdadera riqueza es el amor de Dios, compartido con los hermanos. Ese amor que viene de Dios y hace que lo compartamos y nos ayudamos entre nosotros. Quien experimenta esto no teme a la muerte, y recibe la paz del corazón. Confiamos esta intención de recibir el amor de Dios y compartirlo con los hermanos, a la intercesión de la Virgen María”.

Asimismo, en una homilía en la Casa de Santa Marta, manifestó que “Las riquezas no son como una estatua” que son firmes, pero en cierto sentido irrelevantes en la vida de una persona. Francisco constató que “las riquezas tienen la tendencia a crecer, a moverse, a tomar el lugar en la vida y en el corazón del hombre”. Y si la motivación que impulsa a aquel hombre es la acumulación, las riquezas llegarán a invadirle el corazón, que terminará por ser “corrupto”. Mientras lo que salva el corazón es usar la riqueza que se posee en favor “del bien común”.

El Papa recordó también su advertencia: “No acumulen para ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde los ladrones penetran y roban; acumulen en cambio para ustedes tesoros en el cielo”. Ciertamente –reconoció el Papa– “en la raíz” de la acumulación “está el deseo de seguridad”. Pero el riesgo de hacer esto solo para sí mismos y, por lo tanto, ser esclavos, es altísimo:

“Al final estas riquezas no dan la seguridad para siempre. Es más, te llevan abajo en tu dignidad. Y esto en la familia: tantas familias divididas. También en la raíz de las guerras está esta ambición, que destruye, corrompe. En este mundo, en este momento, hay tantas guerras por avidez de poder, de riquezas.

Se puede pensar en la guerra en nuestro corazón. ‘¡Estén lejos de toda concupiscencia!', así dice el Señor. Porque la avidez va adelante, va adelante, va adelante... Es un paso, abre la puerta: después viene la vanidad –creerse importantes, creerse poderosos– y, en fin, el orgullo. Y de ahí todos los vicios, todos. Son peldaños, pero el primero es este: la avidez, el deseo de acumular riquezas”.

“Por nuestra parte –dijo Francisco– todos los días debemos preguntarnos: ‘¿Dónde está tu tesoro? ¿En las riquezas o en esta administración, en este servicio para el bien común?

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/9132/cat/331/cuidado-con-la-avaricia.html y

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2015/06/19/el-papa-advierte-la-avaricia-corrompe-al-hombre-iglesia-religion-dios-jesus-papa-roma.shtml)