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lunes 1 de mayo de 2017, 01:00

San José Obrero

Hoy meditamos el evangelio según San Juan 6, 22-29 y también a San Mateo 13, 54-58. Comerás el fruto de tu trabajo…

La Iglesia, al presentarnos hoy a San José como modelo, no se limita a valorar una forma de trabajo, sino la dignidad y el valor de todo trabajo humano honrado.

Pensemos hoy, junto a San José, en el amor y aprecio que tenemos a nuestra tarea, el cuidado que ponemos en acabarla con perfección, la puntualidad, el prestigio profesional, el sosiego –no reñido con la urgencia– con que lo llevamos a cabo, la consideración y el respeto que tenemos por todo trabajo, la laboriosidad...

Si nuestro quehacer está humanamente bien hecho, podremos decir con la liturgia de la misa de hoy: Señor, Dios nuestro, fuente de misericordia, acepta nuestra ofrenda en la fiesta de San José Obrero, y haz que estos dones se transformen en fuente de gracia para los que te invocan.

El papa Francisco en una de sus audiencias generales expresó algunas frases que extractamos: “Hoy, 1 de mayo, celebramos a San José Obrero y comenzamos el mes tradicionalmente dedicado a la Virgen…

Y en este mes de mayo, desearía recordar la importancia y la belleza de la oración del santo rosario. Recitando el Avemaría, se nos conduce a contemplar los misterios de Jesús, a reflexionar sobre los momentos centrales de su vida, para que, como para María y San José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y acciones.

Sería hermoso si, sobre todo, en este mes de mayo se recitara el santo rosario o alguna oración a la Virgen María juntos en familia, con los amigos, en la parroquia. La oración que se hace juntos es un momento precioso para hacer aún más sólida la vida familiar, la amistad. Aprendamos a rezar más en familia y como familia.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos a San José y a la Virgen María que nos enseñen a ser fieles a nuestros compromisos cotidianos, a vivir nuestra fe en las acciones de cada día y a dejar más espacio al Señor en nuestra vida, a detenernos para contemplar su rostro. Gracias…”.

(Del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://w2.vatican.va)