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Mundo
viernes 28 de abril de 2017, 09:35

Rusia, la oscura sombra que planeó sobre los primeros 100 días de Trump

Washington, 27 abr (EFE).- La sombra del papel de Rusia en los comicios presidenciales del pasado noviembre en Estados Unidos ha planeado inevitablemente sobre los primeros 100 días de Gobierno de Donald Trump, un controvertido asunto cuyo desenlace aún parece lejos de resolverse.

Poco tardaron en sonar las alarmas, y sin llegar a cumplir un mes al frente del país, saltó el escándalo de la mano del exgeneral Michael Flynn, a quien Trump había designado como asesor de seguridad nacional, y quien se vio obligado a renunciar a su cargo en tiempo récord después de que se descubriesen sus lazos con Moscú.

Flynn, quien había asesorado a Trump en política exterior durante la campaña, mantuvo contactos con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, durante el periodo de transición entre el Gobierno del expresidente Barack Obama y el actual, e incluso antes de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre.

Algunas de esas llamadas telefónicas fueron interceptadas y, según las transcripciones, Flynn y el embajador ruso hablaron de las sanciones contra el Kremlin que Obama impuso antes de dejar la Casa Blanca como represalia por la supuesta injerencia rusa en las elecciones. La renuncia era inevitable.

Semanas más tarde, las acusaciones contra Flynn se fueron incrementando, e incluso llegaron a salir a la luz pagos que el militar retirado recibió del Gobierno ruso por distintos servicios valorados en decenas de miles de dólares.

Esta misma semana varios congresistas alertaron de que podría haber incurrido en un delito por no notificar dichos cobros cuando solicitó acceso a la información clasificada estadounidense.

Sin embargo, la Casa Blanca ha reiterado desde que comenzaron las primeras filtraciones que nadie del equipo de Trump conocía nada al respecto, al igual que rechazan cualquier vínculo con el Kremlin para influir en los resultados electorales.

A través de los Comités de Inteligencia de la Cámara Baja y el Senado, los legisladores están tratando de dilucidar cuál fue el verdadero rol del Gobierno de Vládimir Putin en las elecciones en las que resultó vencedor el magnate en detrimento de la entonces favorita, la demócrata Hillary Clinton.

Sin embargo, los estadounidenses han tenido aún poco acceso a los resultados de dichas pesquisas, y tan solo se han celebrado un puñado de audiencias públicas con funcionarios del Gobierno que aportaran algo de claridad al asunto.

De momento, al menos tres aspectos fundamentales de toda la trama se han confirmado por parte del director de la policía federal (FBI), James Comey, y otras instancias oficiales.

Primero, que Moscú desplegó una estrategia para influir en los comicios presidenciales, interceptando y publicando de facto los correos electrónicos del jefe de campaña de Clinton, John Podesta, y del Comité Nacional Demócrata (DNC).

Segundo, que el FBI ha abierto una investigación para saber si el equipo de Trump se coordinó con el Gobierno ruso a tal efecto.

Y tercero, que las acusaciones vertidas por el multimillonario, en medio del escándalo ruso, sobre un presunto pinchazo a manos del Gobierno Obama de la Torre Trump durante la campaña son infundadas y no existen pruebas que así lo demuestren.

Mientras tanto, y entre la madeja de acontecimientos y personajes, los demócratas del Congreso, y algunos republicanos, reclaman una investigación independiente que garantice la legitimidad de los hallazgos y permita saber a los estadounidenses hasta qué punto el eterno enemigo ruso influyó en la legitimidad de la mayor democracia del mundo.

En ese sentido, otro de los protagonistas ha sido el presidente de la comisión de inteligencia de la Cámara Baja, Devin Nunes, quien tuvo que inhibirse de las investigaciones después de hacer un dudoso manejo de cierta información que había recibido, informando antes a la Casa Blanca que a sus propios compañeros del Congreso.

Además, Nunes dilató en varias ocasiones la comparecencia pública en las audiencias del comité de varios de los funcionarios de justicia e inteligencia del Gobierno de Obama, lo que para muchos fue una maniobra para proteger a Trump ante la posible revelación de nuevos datos que pudieran afectar al mandatario.

El escándalo ruso, que avanza lento en medio de la ajetreada agenda política del multimillonario, vivirá su siguiente capítulo la semana próxima con la celebración de otra ronda de audiencias en el Capitolio, donde por fin testificarán algunos de los responsables del anterior Gobierno.

Rusia, sin duda, ha dejado huella en los primeros cien días del atípico presidente, y casi con toda seguridad lo hará en los próximos cien.

Raquel Godos