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jueves 27 de abril de 2017, 09:25

Ron Lalá trae a Bogotá "Cervantina", visita libertaria a El Manco de Lepanto

Bogotá, 27 abr (EFE).- Libertad es lo que emana "Cervantina", la obra que la compañía española de teatro Ron Lalá ha traído a Bogotá y en la que repasa fragmentos de algunas de las obras más célebres de El Manco de Lepanto.

"Si hay algo que resuma a Cervantes es la libertad, una libertad muy interesante, la de dejar hablar a los personajes, por eso incomodan tanto: los deja hablar y decir, por ejemplo, al pueblo gitano que son astrólogos rústicos", explica a Efe el director de la obra, Yayo Cáceres.

Como parte de la obra van pasando sobre el escenario del Teatro Colón de Bogotá los personajes de "El celoso extremeño", "El hospital de los podridos", "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", "Viaje del Parnaso", "Galatea" y, por supuesto, Don Quijote de la Mancha.

Todos ellos fueron elegidos por esa libertad que emanan, aunque Cáceres detalló que las obras se "seleccionaron a ellas mismas", ya que conforme iban leyendo las obras de Miguel de Cervantes armaban el espectáculo.

De ese modo "fue cobrando vida propia" el espectáculo que guió a los miembros de Ron Lalá y que ahora interpretan.

La obra, que forma parte de los proyectos para promover la lectura en Colombia, fue producida en colaboración con la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España y permanecerá en el Teatro Colón hasta el próximo sábado.

"A pesar de la vida tremendamente dura, Cervantes tuvo la libertad de vivirla con humor", asegura Cáceres, director de una compañía que ya comienza a frisar el adjetivo de veterana y que el año pasado trajo a Bogotá "En un lugar del Quijote".

Entonces como ahora, mezclaron música, poesía y lanzaron una nueva mirada a la obra cervantina que tuvo una notable acogida en la capital colombiana.

La vigencia de las obras es máxima y el director de "Cervantina" la resume en una frase: "Ninguna sociedad dejó de ser machista, entonces el discurso de la pastora Marcela tiene la misma vigencia que hace 400 años. El tema es que socialmente seguimos teniendo los mismos problemas, los gitanos por ejemplo, son mal mirados o tenemos refugiados en plenos siglo XXI".

"Por eso incomoda, por eso tiene esa fuerza, es como ponerte un espejo social", agrega Cáceres sobre el impacto que tiene hoy Cervantes.

La máxima la apostilla el director literario de la obra, Álvaro Tato, quien comenta que "de todos los pícaros libertarios, nos quedamos con Rinconete y Cortadillo; de todas las mujeres oprimidas nos quedamos con la chica de 'El celoso extremeño'".

"Buscamos la quintaesencia de Cervantes para invitar al espectador y que termine completando él (la producción), que se meta en el bosque y vaya a una librería" al terminar la obra, asegura el dramaturgo.

Sin embargo, Tato reconoce que tuvo cierto temor pero muchas ganas al acercarse al genio de Alcalá de Henares, Miguel de Cervantes, pero que sobre todo tuvo "mucho placer y una gran sensación de responsabilidad".

"No deja de ser la invitación a retomar el Cervantes más festivo, más popular", afirma.

Como parte de esa incitación a la lectura de El Manco de Lepanto, han incluido al autor dentro de la obra con una perspectiva "cervantina" del propio personaje.

Es su forma de "afrontar al maestro", hacerlo que "mire a los ojos de los espectadores" para que estos tomen la palabra, así como exhibir "una libertad de pensamiento, de juicio y lo que siempre llamamos humor humanista".

Para ello también fue necesario buscar el meollo de Cervantes entre sus obras, encontrar "el carpaccio en el solomillo" del escritor -en palabras del propio Tato- para poder "contarlo en escena".

De ese modo, aspiran a bajarlo del pedestal de los maestros y acercarlo a la gente, evitando "la mirada de abajo a arriba", así como la reverencia.

Y pese a todas las menciones culturales y referencias personales, pide a la audiencia que se acerque a la obra con la inocencia del novato porque "el público que mejor lo ha recibido era el que no esperaba recibir algo tan reverenciado: la gente joven, la de los pueblos, la de los países que no lo conocen tanto".

"Cervantes no solo fascina, cambia a la gente", concluye.

Gonzalo Domínguez Loeda