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Mundo
domingo 7 de agosto de 2016, 01:00

Rompió con el respeto a los militares

¿Subir a un avión? Los militares pasan primero. ¿En un partido? Saludo obligado a los espectadores en uniforme. Estados Unidos pone sobre un pedestal a sus soldados, venerados aunque a menudo también incomprendidos.

Al denostar públicamente a los padres de un capitán musulmán caído en combate en Irak en el 2004, el candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, rompió un tabú absoluto en el país: los soldados, excombatientes y más aún sus familias en duelo, están por encima de todo reproche. Se puede estar en desacuerdo con sus ideas, pero se honran sus sacrificios.

Alexander McCoy, un ex sargento de los Marines de 28 años, que estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, Nueva York, agradece el respeto que recibe como ex militar, con desconocidos que ofrecen una cerveza o incluso pagarle el almuerzo.

También recibe descuentos en los cines y parques de atracciones, únicamente porque es un excombatiente.

“Pienso que está en la cultura de Estados Unidos rendir homenaje a los militares”, dice McCoy. “Los estadounidenses crean un mito alrededor de la guerra porque ellos lo han vivido muy poco aquí, en territorio estadounidense”, comenta.

Estados Unidos, contrariamente a muchos otros países, no ha padecido un conflicto en su territorio desde la Guerra de Secesión entre 1861 y 1865. El ataque japonés contra Pearl Harbor en 1941 ocurrió a miles de kilómetros del continente y los atentados del 11 de setiembre de 2001 fueron la mayor alerta que experimentaron desde entonces.

Esos atentados, que dejaron cerca de 3.000 muertos, reforzaron aún más el apoyo a los militares, vistos como defensores del país.

El presidente George W. Bush envió tropas a Afganistán, a invadir Irak... Los estadounidenses colgaron cintas amarillas en sus casas y sus autos, agitaron sus banderas y estuvieron detrás de los militares arropándolos. AFP