9 de diciembre
Sábado
Poco nublado con tormentas
21°
28°
Domingo
Parcialmente nublado
20°
30°
Lunes
Mayormente nublado
22°
32°
Martes
Mayormente nublado
21°
31°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Mundo
domingo 24 de julio de 2016, 18:17

Rito católico y danza indígena se mezclan en la fiesta de los guaicurúes de Paraguay

Emboscada (Paraguay), 24 jul (EFE).- Trajes repletos de plumas, rituales católicos y danzas indígenas se entrelazan en la fiesta de los guaicurúes de Paraguay, una tradición que cada 24 de julio revive a los pueblos originarios en una procesión religiosa en honor al misionero español San Francisco Solano (1549-1610).

Cada año, la compañía Minas de la localidad de Emboscada, unos 40 kilómetros al noreste de Asunción, recupera por unos días a los indígenas guaicurúes, pueblo ya desaparecido de la región, al que pertenecían los antiguos pobladores de la zona antes de la llegada de los conquistadores españoles.

En su memoria, decenas de lugareños recubren sus cuerpos con plumas de gallina, ocultan sus rostros con máscaras de todo tipo, y se agitan en danzas tribales al ritmo de instrumentos de percusión, a los que se añaden acordeones y armónicas.

Con estos atributos pretenden recrear a los indígenas a los que San Francisco Solano, misionero encomendado por la Corona Española para convertir a los aborígenes americanos al cristianismo, evangelizó en diferentes territorios de América del Sur, como Perú, Bolivia, el norte de Argentina o el Chaco paraguayo.

La propia imagen del santo, que se custodia en una pequeña capilla rural de Minas, tiene a sus pies la figura de un indígena arrodillado, rezando, y son los propios lugareños, caracterizados como guaicurúes, los encargados de sacarla a hombros y llevarla en procesión.

"Los guaicurúes son los promeseros, las personas que piden un favor a San Francisco Solano. Unos le piden tener trabajo, otros tener salud, y a cambio se prometen a desfilar como guaicurúes en la procesión durante siete años seguidos", explicó a Efe Rubén Machuca, que lleva catorce años participando disfrazado en el festejo.

Según Machuca, la fiesta en honor a San Francisco Solano ya se celebraba durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), aunque en aquella época los trajes de los promeseros guaicurúes se elaboraban con hojas de banano.

El promesero detalló que la confección de los actuales atuendos, hechos con las plumas de "cuatro o cinco gallinas" pegadas con engrudo o cosidas a mano sobre tela, puede demorar unos "dos o tres meses", y debe culminar hacia el 14 de julio, cuando se inicia el novenario de rezos en honor al santo.

El acto central de los festejos comienza el 24 de julio, con una ceremonia religiosa en la que los devotos presentan los ruegos a San Francisco Solano.

A continuación, los promeseros sacan la imagen del misionero español en procesión por una cancha de fútbol cercana a la capilla, en un desfile acompañado por música y danza, que combina la devoción, la fe y el misticismo, con el colorido y el alboroto más propios de un carnaval pagano.

La breve procesión termina de nuevo frente a la capilla, donde decenas de guaicurúes bailan hasta confundirse en un vibrante mar de plumas pardas.

La celebración atrae cada año a decenas de paraguayos hasta Emboscada, una localidad cercana a una penitenciaría estatal, y cuyos habitantes se dedican a la explotación de piedra en las canteras de la zona, o a la cestería y la fabricación de sombreros artesanales hechos con fibras vegetales.

Para Machuca, la fiesta significa "una manifestación de fe única en el mundo", por lo que los lugareños se plantean crear un museo dedicado a los guaicurúes, como forma de mantener a salvo su tradición.

María Sanz