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Opinión
lunes 18 de julio de 2016, 01:00

Reventa de la dignidad

Por Miguel Benítez - TW: @maikbenz
Por Miguel Benítez

Apenas inició el torneo Clausura 2016 del fútbol paraguayo y ya conoce a sus campeones: los revendedores. Aquellas personas inescrupulosas que se aprovechan del apuro, desesperación, falta de tiempo o carencia de medios de los consumidores. La reventa es un padecimiento crónico que ya quedó tan arraigado en la cultura local, hasta el punto de que resulta imposible acudir a un importante evento, de la índole que fuere, sin pensar que vas a encontrarte con interminables filas o boleterías agotadas y la promoción del boleto al triple (o mucho más) del precio original.

Muchos dirán que es finalmente el comprador el que se somete a la reventa y acepta el trato, pero lo que no se percibe es que ese trato, en primer lugar, nunca tuvo que estar habilitado, jamás debió existir.

El veto total del presidente Horacio Cartes a la Ley de Reventas solo hace que los espectadores sigan perdiendo su dignidad, puesto que tendrán que ingeniarse para malgastar horas productivas si quieren ir a formar fila y comprar las entradas. Si no pudieron hacer esto, deberán arrodillarse y apelar a la buena voluntad de un revendedor para conseguir el billete a un precio no tan salado.

Este es un tema muy complejo y no solo están presentes el revendedor y el comprador. Las organizaciones de los diferentes acontecimientos tienen mucha responsabilidad a la hora de fomentar la reventa.

En el caso deportivo, los mismos vendedores del club (con conocimiento o no de la directiva) son los que alimentan el rubro. La farsa de dar solo tres o cinco entradas por persona en ventanilla se termina cuando llegas a la esquina del estadio y ves que el sistema falló. Cada revendedor tiene fácilmente, por lo menos, 20 o 30 pases.

Evidentemente hay un proveedor detrás que otorga los tiques y seguramente paga una comisión. Este patrocinante puede salir del mismo club o de sectores independientes. Si se calcula que en un concierto de rock, la entrada más barata cuesta G. 100.000, ¿cómo se explica que un revendedor tenga 30 entradas? Son G. 3.000.000 que no cualquiera desembolsaría si supiera que ese negocio es riesgoso y puede perder dinero.

Yendo al aspecto formal ¿Cuántos revendedores tributan IVA? ¿Emiten facturas? ¿Qué pasará cuando sus márgenes los hagan merecedores de abonar el Impuesto a la Renta Personal (IRP)? ¿Tienen seguro social?

Alguna normativa contra la reventa de accesos para espectáculos es necesaria de manera a frenar las informalidades que solo atentan contra la economía nacional, contra la ciudadanía y contra los mismos eventos. Cartes hizo el pase para el gol en contra, con su veto. Ojalá pueda igualar el marcador para los consumidores.