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Opinión
jueves 4 de agosto de 2016, 01:00

Rescatar el IPS

Por Gustavo A. Olmedo B. – golmedo@uhora.com.py
Por Gustavo Olmedo

El Instituto de Previsión Social (IPS) enfrenta quizás uno de sus momentos más críticos, resultado de años de corrupción, mal uso de los recursos, improvisación y falta de atención seria y honesta.

Desde donde se lo mire, el IPS –una de las instituciones más sensibles y vitales del país– presenta un escenario altamente complejo, de difícil manejo; una mole con más de 700.000 aportantes, 17.000 funcionarios –más administrativos que profesionales de blanco, y entre ellos, planilleros, funcionales y absolutos–; numerosos sindicatos en puja, un nosocomio central y 17 periféricas en Central y Área Metropolitana, además de 91 unidades en el interior; un déficit anual de alrededor de 600.000 millones de guaraníes, y una carta orgánica desfasada de 1943.

A esto habría que sumarle una infraestructura totalmente desbordada, así como los sistemáticos robos que lentamente fueron delineando la senda hacia el colapso que hoy experimenta la previsional.

Pero entre todos estos problemas estructurales y de larga data, resalta la falta de sensibilidad e improvisación de parte de las autoridades y directivos de la institución, incluidos los consejeros, con respecto a problemas que hacen el día a día del asegurado, y que no pueden quedar como "cuestiones que a su tiempo se resolverán".

Los responsables del IPS deben tener claro que la salud no puede esperar. Hablamos de personas, no de números; pacientes que sufren minuto a minuto, no frías estadísticas. Una persona que necesita ingresar a cirugía o realizarse un estudio por una dolencia de gravedad o para saber si la padece no puede aguardar uno, dos o tres meses, como ocurre en estos momentos.

Los que están al frente de la previsional, así como cada uno de sus funcionarios, incluidos administrativos y personal de blanco, deben tomar conciencia de este factor.

Por ejemplo, la refacción de los 11 quirófanos del IPS, que se ejecutan en la actualidad, es algo muy positivo, pero no puede realizarse suspendiéndose prácticamente el 50% de las cirugías programas, sin prever ningún tipo de solución ni considerar el impacto que tendrá para cada paciente y sus posibles consecuencias.

Urge rescatar el IPS. Sus beneficios son numerosos al igual que su valor para la sociedad. El sistema solidario que lo sustenta, en donde muchos "sanos" aportan por personas con dolencias, es también valorable y necesario en un tiempo de tanta mezquindad. Hace falta rescatarlo de esa lógica deshumanizante de la medicina sin rostro que gobierna hoy, en donde se diluye la frustración por el tomógrafo descompuesto, la desesperación por la cirugía suspendida o la angustia del que vuelve a casa sin medicamentos y con la sensación de su dignidad pisoteada.