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Opinión
jueves 13 de abril de 2017, 01:00

República en tómbola

Miguel H. López | En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

La concentración pro enmienda de la Constitución –del lunes– para incorporar la reelección y otros asuntos (lo dice el proyecto presentado en mesa de entrada del Senado el 31 de marzo) constituyó una gran metáfora de país: rifar cosas para convocar y tirar en vito abalorios para arrear. Lastimosamente ese es el modo en que hace demasiadas décadas se vienen imponiendo los bandidos en los poderes del Estado, cargos vitales en la política nacional y en la vida institucional.

Aclarando siempre –porque los tiempos exigen– que tanto el grupo encabezado por Efraín Alegre como el que apuntalan Horacio Cartes y Fernando Lugo son violadores de normas básicas constitucionales, el modo en que opera la mayoría de los sectores en danza sigue siendo el mismo que aplicaba la dictadura stronista a través del Partido Colorado. Los punteros ofrecen lo que la necesidad miserable de la gente permita aprovechar –en forma ruin– para asegurar presencia, masa y sensación de popularidad.

En la última concentración masiva como muestra de "poder enmendero y reeleccionario", principalmente el cartismo colorado rifó electrodomésticos, repartió gaseosa en asentamientos miserables, pagó transporte desde los lugares más recónditos con una matula de premio, cuando no entregó viáticos para el recreo. Esto mismo es lo que siempre vemos en días de elecciones generales o en las internas de los partidos tradicionales, preferentemente.

Con esa canonjía el pueblo embaucado termina embargando el futuro de todos, y la administración de la República queda en manos de oportunistas, engendros de políticos o chapuceros de la mafia.

Así como pudo verse en la masiva concentración en varios sitios del país –algunos repetidos en fotoshop, cuándo no–, volverá a ocurrir durante el referéndum –si a Cartes y Lugo le alcanzan los votos en Diputados–, donde a platazo limpio, como lo viene haciendo el nuevo "patrón del Paraguay", la cosa entrará en camino sin retorno.

Este es el modo más burdo y penoso en que –connivencia de por medio entre políticos mercantilistas, sostenedores de un modelo socioeconómico que solo beneficia a las minorías ricas, los corruptos y los mafiosos; y un importante sector empobrecido y socavado de la población hambrienta e ignorante, a veces letrada y bien alimentada– meten al país en tómbola y luego tenemos las autoridades que nos (des)gobiernan, haciendo del país su hacienda privada, y de sus leyes letra muerta, las manipulan o subastan.

Cada vez que me cruzo con gente conocida que trabaja en la calle u obreros de la periferia de Asunción, la curiosidad es la misma: Oikóta piko la enmienda. Y la plata está y los punteros también.

El establishment todavía necesita quebrar algunas "voluntades" para avanzar y cerrar los guarismos. Luego, aquello de que "la gente decida" será sencillamente otra canalla mentira.

Votar, finalmente, no es decidir, menos cuando la coacción es el mecanismo que aplican las dirigencias.