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Opinión
domingo 12 de febrero de 2017, 01:00

Realidad

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Por Benjamín Fernández Bogado

Un viaje aleccionador a Yuty esta semana me ha dejado varias claves para entender el Paraguay. Es probablemente la más pequeña de las muñecas de la matroska nacional, metido en el interior del innerland geográfico de esta "isla rodeada de tierra", su aislamiento es parte de un decorado que vuelve a Caazapá uno de los departamentos más pobres del país. Sin ruta asfaltada que debía haber concluido en marzo del año pasado y que al ritmo que avanza no culminará hasta el próximo año con suerte, Yuty es una metáfora del Paraguay.

Alguna vez próspera por el comercio de la madera y por un ferrocarril que permitía que las transacciones se hicieran cultura; hoy solo es nostalgia.

La estación de tren ubicada a una legua del pueblo luce abandonada y llena de bosta de vaca y arbustos que ganan lo que queda del techo al tiempo de agrietar aún más sus paredes húmedas y abandonadas. Hay una sensación de decadencia y dejadez enorme. Se siente en el ambiente, luego de cruzar el puente de hierro erigido sobre el río Pirapó para mover el antiguo ferrocarril construido por los ingleses. Después nada. Historia de narcos, ausencia del Estado, vida dependiente de las remesas provenientes del exterior... Yuty es una lección de antropología, historia, política, economía y migración. Cuando llegue la ruta estarán más cerca de la capital departamental, pero pocos se quedarán a vivir ahí porque no hay condiciones para soñar con el futuro.

La pobreza se siente aún más en las compañías cercanas. Isla Sakã es solo el nombre de una de ellas a la que Santiago Cortesi le hizo una polca en el arpa. La nostalgia que ahí se jugó el primer partido de tenis o de polo es el recuerdo de la opulencia que quedó en un pasado remoto. Escucho la radio que cuenta la publicidad de un quiromántico al tiempo de promover la cachaca a fondo. Me encuentro con un maestro a quien pido referencias de cómo llegar a Yegros, me relata que los caminos son intransitables y que en invierno pueden llegar a perder dos semanas de clases porque la moto no puede circular en medio del barro y de los pozos. Yuty está demasiado lejos de todo, a pesar de sus casi 400 kilómetros de distancia real de Asunción. Autobuses llenos vienen de Buenos Aires o Ciudad del Este trayendo a sus hijos que han tenido que emigrar para al menos tener algo de ilusión. Un grupo de alemanes estafados por un compatriota suyo levantaron una arcadia en medio de la nada. Están rematando lo que queda... el resto se ha marchado con la desilusión a cuestas.

Salgo de la ciudad y escucho el debate en radios de Asunción sobre la enmienda, la conspiración vía WhatsApp o los grafiteros detenidos. Qué lejos están los pobres caazapeños de todo eso. Qué realidades distintas y distantes tienen. Hay que traerles en nuevo autobús panorámico al presidente, ministros, parlamentarios para que vean el país verdadero. Que lo toquen, lo sientan y se animen a transformar esta realidad lacerante. Conocer a aquel que va a la cama sin comer o al otro que conocí y que almorzaría mandioca con sal. Yuty, qué metáfora de la realidad muda de un país que vive ensimismado en su propio egoísmo. La pequeña matroska nos grita el Paraguay olvidado y triste, hay que hacerle caso antes de que sea demasiado tarde.