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lunes 8 de agosto de 2016, 02:32

Quiindy crece con cada picadita de la pelota

Más del 60% de la población se dedica o está relacionada con la industria.
Por Rosalía Ciciolli
ESPECIAL
Llegar a la ciudad de Quiindy implica para cualquier visitante sumergirse en un paisaje pintado con pelotas de tonalidades estridentes, llamativas y alegres, o simplemente en aquellas que llevan los colores del club de sus amores. Resulta difícil permanecer indiferente a los balones de todos los estilos y modalidades deportivas que se exhiben en casi cada negocio y que llevaron a Quiindy a ser bautizada como la Ciudad de la Pelota, en donde el 60% de su población se dedica o está relacionada de alguna manera con la fabricación de balones.
Para exhibir esa importante producción es que se lleva a cabo la Expo Pelotas, en una de las arterias principales de la ciudad, que se extenderá hasta el 10 de agosto. Así como también se proyecta la construcción de una plaza alusiva y el Pelota Róga, en donde se exhibirá la vasta producción pelotera de la ciudad.
Hace unos 7 a 9 años que la producción de balones comenzó a ser masiva en Quiindy, aunque los inicios de esta industria datan de 1955. El pionero en la fabricación de pelotas fue don Diego Paredes Mancuellos, fallecido en 1999, quien adquirió la habilidad de hacer pelotas mientras trabajaba en una zapatería, en Asunción, durante la época en que tuvo que trasladarse hasta la capital para hacer el servicio militar obligatorio.
Al volver a Quiindy, Paredes Mancuellos decidió dedicarse a este oficio y dar trabajo a sus vecinos, con quienes se juntaba en el patio de su casa a coser las pelotas –fabricadas en esa época de cuero puro–, que luego las vendía a las casas de deporte de Asunción. Así fue como el oficio se fue transmitiendo de vecino a vecino, hasta llegar a ser lo que es hoy.
Transcurridos varios años de trabajar en este rubro, don Diego decidió viajar a Brasil para adquirir maquinarias como troqueladoras, formas y rebajadores, con la finalidad de aumentar la producción.
En sus últimos años de vida, el hijo de don Diego, Cayo Paredes, arquitecto de profesión, decidió unirse a la producción. Tras la muerte de su padre, Cayo siguió con la administración de la Primera Fábrica Paraguaya Mecanizada de Pelotas (Diepar), que ahora opera desde Asunción, aunque algunas etapas de la producción las hacen los pobladores de Quiindy.
producción. Paredes comenta que su empresa cuenta con 10 funcionarios, que le ayudan en la fabricación y venta de los balones. En temporadas altas llegan a producir entre 2.000 a 2.500 pelotas por mes, que las venden, sobre todo, a los clubes de fútbol amateurs, a colegios y al público en general. "Podríamos producir mucho más, en una época mi padre llegó a fabricar entre 5.000 a 6.000 balones por mes, pero ahora eso se nos complica por la competencia que representan las pelotas de origen chino, que son más baratas, pero no tienen la calidad de los materiales que nosotros utilizamos ni la misma durabilidad", señala.
Diepar produce pelotas de fútbol de campo, futsal Fifa y fútbol de salón, vóley, hándbol, rugby y, últimamente, las de piquiboli, que tienen una característica especial, pues varían en el peso aunque tienen el mismo tamaño de una pelota de fútbol, pero más acolchadas. "Cumplimos con todas las normas de calidad, por ejemplo una pelota de fútbol de campo, lanzada desde una altura de dos metros, debe tener un bote de 1,10 metros y una circunferencia de 68 a 70 cm, y una de futsal Fifa debe tener un bote de 60 cm y una circunferencia de 52 a 54 cm", asegura Paredes.
A pesar de la alta competencia, la producción de pelotas identifica y da vida a Quiindy y representa la esencia que mueve la economía de la ciudad.