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sábado 15 de abril de 2017, 01:00

¡Qué se vayan todos!

Se está acabando la Semana Santa del 2017, este año con la loza pesada de todo lo referente a la enmienda, la reelección y los dos grupos enfrentados entre los “amos” del Paraguay por llevarse la mayor cuota del poder económico (unos rompiendo la Constitución; otras puritanamente defendiéndola).

Y, frente a ellos, el pueblo paraguayo, convidado de piedra en esta disputa, pero azuzado por todos los medios de comunicación de las dos partes para ganarnos a una de ellas.

Como nunca hemos sido “usados y abusados” tanto por una clase alta, económicamente hablando.

Se está acabando la Semana Santa, tiempo sagrado y grande para los cristianos católicos paraguayos por lo que significa la muerte y resurrección de Jesús.

Hemos reflexionado mucho personal y colectivamente, humana y religiosamente, sobre la realidad paraguaya. Los nombres de los políticos los hemos barajado una y otra vez en todos sus partidos. Ninguna cercanía al pueblo en ellos. Mucho dinero empleado para comprarlos.

Ninguna representación de los tres millones de paraguayos y paraguayas que de la clase media baja van pasando a ser empobrecidos, pobres o en la miseria. Todos aprovechándose de la presente situación para lograr la reelección de nuevo.

Se está acabando la Semana Santa y en la mayoría libre de nuestro pueblo, va creciendo un rumor, que de clamor pasa a grito desesperado en el corazón de hombres y mujeres, grandes y pequeños: “¡Que se vayan todos!”.

“¡Qué se vayan todos!”, significa que no queremos a ninguno de los actuales políticos desde el presidente al último votado.

Suena a locura este planteamiento, pero es mejor que se realice pacíficamente y no con la violencia de la bomba social y política de tiempo, a punto de explotar.

No me pregunten cómo vamos a seguir después. La respuesta será colectiva porque es colectiva la causa que nos ha hecho tanto daño.