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Deportes
miércoles 26 de julio de 2017, 01:00

Purga inacabable

Hasta casi hastiados observamos el calvario prolongado del fútbol, donde en la FIFA como en Brasil con sus políticos no terminan de descubrir que entre sus antiguos dirigentes hay pocos que resistieron la tentación de prácticas probolsillo.

El último de la zaga, el presidente del la Real Federación de Fútbol Española, de 29 años de “servicio” con su hijo. Este último con sus pasadas relaciones laborales con la Conmebol provocan un tufo de corrupción en esa entidad que ya está llegando a Sajonia.

Los que al deporte amamos nos regocijamos con la imponencia del talento de Federer y la pompa inglesa de la final de Wimbledon. Afortunadamente, ese deporte caballeresco y popular no ha sufrido el saqueo que le cupo al fútbol y al olimpismo. Cabe la aclaración, porque dirigentes deportivos hay, que por experiencia propia no pueden dimensionar el esfuerzo, disciplina y talento que motivan a los atletas. Ellos nunca practicaron deportes a ese nivel. Sería sugerible que para ejercer la presidencia deportiva de una institución fuese un mandato tener logros mínimos en el ámbito deportivo. Con ello, nos aseguraríamos que la dimensión ética de la práctica deportiva haya impregnado sus espíritus, lo que ayudaría a entender que los atajos y miserias de intereses mezquinos residen lejos de los valores de los atletas que dedican sus mejores jóvenes años a exigirse a sí mismos para beneficios de su deporte, equipos y disfrute de sus seguidores.

Si de dirigencia se trata no hay términos medios, o uno sirve o uno es servido por el deporte. Y esto es más valido aún en deportes sin convocatoria del público, donde son recursos escasos los que se administran y por ende los esfuerzos mayores se encaminan en este sentido.

El Parque Olímpico es una hermosa realidad para acoger a atletas de varias especialidades. Obviamente, real mérito hubiese sido que los fondos de G. 42.000.000.000, más el predio, no los hubiera proveído el Estado paraguayo, que bien tiene otras prioridades que atender. La creatividad y aptitud administrativa de la dirigencia son puestas a prueba con la generación de recursos intrínsecos de su convocatoria de público e impacto positivo para las marcas internacionales. Lo demás, es bien administrar y proveer a los atletas las mejores condiciones para el desarrollo de sus artes y talentos.

Los lucimientos personales y agrandados egos están permitidos como retorno a funciones de servicios dirigenciales a una institución deportiva. No obstante, si esto se vuelve adictivo y se apegan considerándose insustituibles en sus cargos, violan el sencillo freno que otorga la transitoriedad.

Mandatos de doce años usurpan la lógica y, la democracia más representativa de Occidente como USA, limita la presidencia a dos mandatos de 4 años. ¿Por qué el COP opta para su presidente 12 años como máximo? Lo saben de seguro los Samaranch y sus secuaces.

Quienes sirven se desgastan de tanto esfuerzo y se retiran, y quienes se sirven del deporte se apegan y quieren permanecer como moscas a la miel. Si no, preguntemos cuántas décadas estuvo Blatter en la FIFA, Samaranch en el COI y Villar en la Real Federación de Fútbol de España.