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martes 11 de julio de 2017, 01:00

Prudentes y sencillos

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 19, 27-29.

Al conmemorar el quince centenario del nacimiento de San Benito, el papa Juan Pablo II recordaba el “trabajo gigantesco” del santo, que contribuyó en gran manera a configurar lo que más tarde sería Europa. Era un tiempo en el que “corrían gran peligro no solo la Iglesia, sino también la sociedad civil y la cultura”.

Existe un antiguo proverbio que dice: “más vale encender una cerilla que maldecir la oscuridad”. Aparte de que no es propio de los hijos de Dios la queja sistemática sobre el mal, el clima pesimista y negativo, si los cristianos nos decidiéramos a llevar a cabo lo que está en nuestras manos, cambiaríamos el mundo de nuevo, como hicieron los primeros cristianos, pocos en número, pero con una fe viva y operativa.

El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy dijo: “La gratuidad en seguir a Jesús, es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús. Y cuando se quiere ir sea con Jesús que con el mundo, sea con la pobreza que con la riqueza, esto es un cristianismo a mitad, que quiere una ganancia material. Es el espíritu del mundo. Esos cristianos hacen eco a las palabras del profeta Elías, cojean con las dos piernas porque no saben lo que quieren.

Para entender esto es necesario acordarse de que Jesús nos anuncia que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, o sea aquel que se cree o que es el más grande se tiene que volver el servidor, el más pequeño.

Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo ha hecho él, y si el Señor te da la posibilidad de ser el primero, tu tienes que comportarte como el último, o sea, servir. Y si el Señor te da la posibilidad de tener bienes, tu debes emplearte en servir a los otros. Son tres cosas, tres escalones, los que te alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. Por esto son tan peligrosas las riquezas, porque te llevan enseguida a la vanidad y te crees importante. Y cuando uno se cree importante pierde la cabeza y se pierde”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op).