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lunes 28 de noviembre de 2016, 01:00

Prepararnos para recibir a Jesús

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 8, 5-11. El Salmo 121, que leemos en la misa de hoy, era un canto de los peregrinos que se acercaban a Jerusalén: Qué alegría –recitaban los peregrinos al aproximarse a la ciudad– cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.

El Evangelio de la misa nos trae las palabras de un hombre gentil, un centurión del ejército romano. Estas palabras están recogidas en la liturgia de la misa desde muy antiguo, y han servido para la preparación inmediata de la comunión a los cristianos de todos los tiempos: Domine, non sum dignus. (Señor, yo no soy digno).

Cuando Jesús estuvo cerca de la casa, el centurión pronunció las palabras que se repiten en todas las misas (diciendo “alma”, en lugar de “siervo”): Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi siervo quedará sano. Una sola palabra de Cristo sana, purifica, alienta y llena de esperanza.

La fe, la humildad y la delicadeza se unen en el alma de este hombre. Por esto, la Iglesia nos propone su ejemplo y sus mismas palabras como preparación para recibir a Jesús cuando viene a nosotros en la Sagrada Comunión: Señor, yo no soy digno...

El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy, afirmó: “La Navidad no es solo un acontecimiento temporal o un recuerdo de una cosa bonita. La Navidad es algo más: vamos por este camino para encontrarnos con el Señor. ¡La Navidad es un encuentro! Y caminamos para encontrarlo: encontrarlo con el corazón; con la vida; encontrarlo vivo, como Él es; encontrarlo con fe.

El Señor, en la palabra que hemos escuchado, se maravilló de este centurión: se maravilló de la fe que él tenía. Él había hecho un camino para encontrarse con el Señor, pero lo había hecho con fe.

Por eso no solo él se ha encontrado con el Señor, sino que ha sentido la alegría de ser encontrado por el Señor. Y este es precisamente el encuentro que nosotros queremos: ¡el encuentro de la fe!

Pero más allá de ser nosotros los que encontremos al Señor, es importante dejarnos encontrar por Él.

(Del libro Hablar con Dios y http://es.catholic.net)