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Opinión
sábado 11 de junio de 2016, 01:00

Policías en páginas de policiales

Por Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia Paz

Es natural que estén allí, solo que en las últimas semanas ocupan el lugar que debería estar reservado a los delincuentes. Fíjese usted en esta saga incompleta pero asustadora.

A mediados del mes pasado el jefe de la comisaría de Pirapó fue imputado por haber abusado sexualmente de una joven de 16 años. El hombre estaba tomando cerveza en una despensa y cuando la chica pasó por enfrente sencillamente la llevó a la fuerza a la comisaría, donde la violó.

Hace dos semanas el corresponsal de La Nación del Amambay publicó que policías habrían liberado una carga de drogas previo pago de unos 30 millones de guaraníes. Lejos de aclarar la denuncia, el jefe de Orden y Seguridad de dicho departamento intimó notarialmente al periodista con el fin de que se abstenga de seguir publicando notas sobre la corrupción policial.

Hace una semana un agente del Grupo Especial de Operaciones de Presidente Franco hizo disparos desde su auto a la madrugada y en estado de ebriedad. Resultó herido un joven y el suboficial, capturado, pues chocó un poco más tarde contra una columna del alumbrado público.

Hace pocos días, veíamos en un video al jefe de investigación de Salto del Guairá integrando una caravana de automóviles de los ladrones que escapaba de un atraco. Se asegura que la banda estaba integrada por otros policías. Ahora, nos enteramos que uno de los narcos más célebres de la historia delincuencial argentina no solo había encontrado cómodo refugio en Ciudad del Este, sino que la misma Policía le había proveído una cédula de identidad paraguaya. Por si quedara alguna duda de la existencia de una vasta red de corrupción en el Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional, días después se descubrió que también se negociaban con harta facilidad pasaportes no reclamados por los solicitantes.

Por la módica suma de 3.000 dólares se renovaba la vigencia de los documentos y se los entregaba a su nuevo dueño, convenientemente legalizados por los ministerios del Interior de Relaciones Exteriores, para que hicieran con los mismos lo que quisieran y pudieran. Este pequeño negociado era un mita'i recreo frente a lo que habrá tenido que desembolsar Ibar Pérez Corradi.

A lo largo de su historia reciente, la Policía paraguaya pasó por oleadas de corrupción sistémica e intentos de depuración. Cada vez que los escándalos salen a la luz pública ruedan cabezas, se anuncia una limpieza étnica y se acallan las críticas, hasta que todo vuelve a empezar. Este ciclo parece menos emocionante. Había sido que el comandante de la Policía no se habla con el ministro del Interior hace meses y que este se enteró del caso Pérez Corradi por la prensa. Y nadie renuncia. La tolerancia al escándalo ha aumentado, por lo visto.