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Política
martes 25 de julio de 2017, 01:00

Piquetes y subsidios

Cuando Horacio Cartes nombró a Raúl Sánchez hijo, en Yacyretá (http://bit.ly/1orWJ8T) “porque es su amigo”, dejando de lado todo el discurso sobre la profesionalización de la función pública que emitía machaconamente el grupo Cartes como elemento diferencial entre el presente Gobierno y los anteriores, quedó claro que por el poder el presidente es capaz de pisar todos los principios, de violar todas las normas, de destruir nuestra Constitución y nuestra República.

Lo anterior viene a cuento del pedido de que el Estado asuma de alguna forma los reclamos financieros de las bases de Luis Aguayo (Coordinadora Nacional Multisectorial, Mesa Coordinadora de Organizaciones Campesinas –Mcnoc–) reclamos que quieren imponer organizando piquetes para violar los derechos de quienes trabajan en Asunción y del pedido, semejante al de Aguayo, presentado por el diputado Carlos Núñez (procesado por contrabando y compañero de campaña de Santiago Peña) para beneficiar a cuarenta mil funcionarios públicos endeudados con entidades privadas.

Ambos pedidos, el de Aguayo y el de Núñez, se centran en recurrir al Banco Nacional de Fomento (BNF), cuyo capital es aportado por el pueblo paraguayo mediante sus contribuciones realizadas para impulsar el desarrollo y no para alimentar costosas campañas electorales de candidatos como Santi Peña.

Parece que alguna gente pretende que no se vea que Aguayo y su organización originaria, la Mcnoc, forman parte del autodenominado Congreso Democrático del Pueblo en el que se articula con el Frente Guasu de Fernando Lugo, aliado fundamental y principal de Cartes en la destrucción de nuestra República.

Para justificar este asalto al BNF, el grupo Cartes está deslizando sibilinamente la recordación de que ya se “ayudó” con recursos públicos a los transportistas y a Azucarera Iturbe, como si asaltos antiguos pudieran legitimar asaltos nuevos.

El pedido de Aguayo no resiste el menor análisis. Un supuesto diez por ciento de las familias que se dedican a la agricultura familiar campesina, supuesto porque las listas de personas son un secreto celosamente guardado por la coordinadora multisectorial, pide un privilegio que el noventa por ciento restante no solicita, en base a acontecimientos que, como las plagas de Egipto, habrían afectado selectivamente solo a las bases de Aguayo.

El pedido de Núñez es todavía más perverso: Utilizando información privilegiada del propio BNF, el compañero de campaña de Santiago Peña elaboró una lista de morosos cuyas deudas quiere que paguemos todos los paraguayos buscando que ellos voten por el candidato del cartismo.

La realidad es que ambos pedidos no tienen otro propósito que alimentar las campañas electorales del Frente Guasu y de Honor Colorado, fuerzas cuya popularidad están en baja según coinciden todas las encuestas, incluidas las que le presentó hace algo más de un mes Francisco Javier de la Cuadra a Horacio Cartes.

Lugo y Cartes se están encaminando a un sonoro fracaso electoral ya el 17 de diciembre, día en el que ambos cómplices podrían ser duramente castigados por un pueblo hastiado de tanta desvergüenza y de tanto abuso.

Necesitan alimentar de alguna forma sus campañas o, si eso no resulta, generar hechos que impidan que el pueblo pueda pronunciarse. Es la receta que con todo éxito está aplicando en Venezuela Nicolás Maduro, que lleva un año “posponiendo” elecciones ordenadas por la Constitución venezolana pero que no tiene la menor intención de realizar.