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domingo 11 de septiembre de 2016, 01:00

PGN 2017: Pocas reformas frente a un escenario cambiante

El Presupuesto público es la principal herramienta de la política fiscal. Es el instrumento por excelencia para lograr mejoras en el bienestar de la población y reducir las fuertes desigualdades que caracterizan al país. La asignación de recursos en determinados objetivos económicos puede ayudar a transformar nuestra estructura económica hacia una más diversificada, menos dependiente de factores exógenos y con más impacto en el empleo. Si bien en Paraguay el PGN requiere aprobación anual, sus efectos no le limitan a un año; al contrario, tiene efectos de largo plazo. Por eso, las autoridades con competencia sobre el Presupuesto público deben ejercer su rol con total responsabilidad dada la relevancia de la política fiscal para el país a corto y largo plazo.

El contexto macroeconómico está cambiando, por lo que la aprobación del Presupuesto General de la Nación presenta desafíos nuevos. En primer lugar, la ralentización de la economía exige una participación estatal bien definida para garantizar las condiciones económicas que permitan suavizar el efecto del nuevo ciclo, dar previsibilidad a los agentes económicos e impulsar ramas económicas de impacto en el empleo. En segundo lugar, luego de muchos años de superávit fiscal, este presupuesto enfrenta un déficit acumulado que corre el riesgo de continuar aumentando con las conocidas consecuencias no solo a partir de la evidencia que nos dieron los países vecinos con sus años de déficit, sino también por la experiencia no tan lejana en el tiempo de Paraguay. En tercer lugar, derivado de lo anterior, el paralelo aumento del endeudamiento público a través de bonos soberanos que, además de no destinarse a los objetivos genuinos de expansión de infraestructura, se están utilizando para pagar deuda anterior. Es decir, el país se encuentra utilizando el peligroso y perverso mecanismo del bicicleteo.

Este escenario cambia radicalmente el escenario del actual presupuesto frente al escenario de años anteriores. Un crecimiento del producto menor junto con variables fiscales en riesgo de romper la histórica trayectoria de estabilidad debe poner en perspectiva el debate sobre el presupuesto actual.

El PGN 2017 debe garantizar un gasto que beneficie a la gente, tanto a corto plazo –2017– como a largo plazo. La inversión en un año en salud, educación, protección social, obras de infraestructura tiene impacto positivo a lo largo de la vida, más allá de que se ejecuten en un año determinado. Si bien los montos globales de gasto mantienen una tendencia positiva, la estructura de este gasto mantiene los problemas fundamentales que impiden una gestión eficiente.

El proyecto de presupuesto no aumenta los salarios, pero mantiene las inequidades internas y sostiene un sistema de incentivos con excesivos beneficios para algunos sectores y bajos salarios para otros. Esta situación empeoró con la nueva matriz salarial, que convirtió bonificaciones y pagos extras en salarios sin haber considerado el desempeño de quienes se beneficiaron con la medida. La asignación de recursos, más allá del pago de salarios, arrastra en 2017 las deficiencias de años anteriores. Sin insumos suficientes los recursos humanos no pueden generar los bienes y servicios esperados, menos aun de calidad. Esto es particularmente importante en los casos de salud y educación.

El presupuesto continúa sin medidas que permitan aumentar las recaudaciones y reducir la inequidad tributaria. La solución fácil fue un nuevo incremento del endeudamiento por la vía de bonos soberanos. El resultado se trasladará al futuro, decisión irresponsable de la actual gestión de gobierno. Frente a este contexto, el PGN 2017 no augura resultados óptimos para la política fiscal, lo que se agrega a menores proyecciones de crecimiento económico. El año 2017 no será fácil y este presupuesto no ayudará al país a sobrellevarlo mejor.