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sábado 27 de agosto de 2016, 01:00

Pertenecen a nuestra comunidad cristiana

Ante todo afirmo que cualquier persona, no solamente en el Paraguay sino en el mundo entero, que sea injustamente condenada recibirá nuestro apoyo hasta las últimas consecuencias por dos razones.

Primera: Por solidaridad como ser humano. Segunda: Porque el seguimiento a Jesús me compromete a eso.

Durante el juicio a los 11 campesinos inocentes de Curuguaty la CEP (obispos) afirmó que no quería campesinos inocentes condenados. Y en una misa el arzobispo de Asunción rezó por ello. Con admiración hemos visto el acompañamiento de miembros de la Conferpar (religiosos/as). En muchas parroquias se ha rezado por ellos. Ya se ha dado la sentencia condenatoria injusta con penas hasta de 20 y 35 años. Y todos los sentenciados con injusticia son totalmente inocentes.

Escribo ahora a la comunidad cristiana. Todos estos condenados pertenecen a nuestra comunidad creyente. Es la hora de que esta comunidad se solidarice hasta alcanzar su libertad. Y como hermanos de fe proponemos con otros muchos estas acciones.

La Iglesia como institución (CEP) tiene un gran peso en el Paraguay y aunque no quiera el gobierno le hace caso. Si desde fuera la Comisión de DDHH de la OEA puede lograr la anulación de este juicio injusto de Curuguaty y le hemos pedido ayuda, con más razón pedimos a la Iglesia Católica como institución que ya lo haga oficialmente, distanciándose de relacionarse con el Gobierno hasta la anulación de este juicio injusto.

La comunidad de católicos como religión somos mayoría en el Paraguay, pedimos nos unamos en las acciones que entre todos hagamos, hasta lograr la anulación de todos los presos inocentes de Curuguaty. Nos necesitan estos hermanos en la fe.

Volvamos a leer todos, obispos y fieles, la palabra de Jesús en Mateo 25: “Estaba en la cárcel y viniste a verme”. Y sin tener miedo a los injustos que dieron esta sentencia injusta, luchemos por la libertad de todos ellos.