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Mundo
sábado 10 de septiembre de 2016, 01:00

Peronismo opositor llegaría dividido a elecciones de 2017 en la Argentina

REUTERS

BUENOS AIRES - ARGENTINA

El peronismo, la principal fuerza política de Argentina, llegaría dividido a los comicios de medio término del año próximo, lo que favorecería a un Gobierno que necesita de una oposición fragmentada para impulsar medidas que saquen a la economía de la recesión.

Pese a perder la presidencia a fin del año pasado a manos del liberal Mauricio Macri, el peronismo sigue siendo una gigantesca y polifacética máquina con la que se debe lograr consenso para gobernar, ya que controla sindicatos, provincias y una parte del Congreso.

Hasta el papa Francisco fue muchas veces tildado de peronista por su amistad con algunos miembros del partido y su identificación con la pobreza. Figuras disímiles como el diputado disidente Sergio Massa y la ex presidenta de centroizquierda Cristina Fernández, junto con el peronismo tradicional –que está en busca de líderes renovadores–, son quienes pelean por el control de una oposición que, pese a ciertos intentos de unidad, seguiría escondida.

no al cristinismo. “Va a ser difícil formar un frente para el año que viene. El cristinismo no va a entrar (en el peronismo)”, dijo una fuente que tiene un cargo jerárquico en el Partido Justicialista (PJ), como se llama oficialmente la agrupación.

“Las elecciones del año que viene no son decisivas, la batalla grande es en (la elección presidencial de) 2019”, agregó la fuente, que también consideró difícil sumar a Massa, quien fue candidato presidencial en el 2015 con su propio partido.

En octubre del año próximo se renovará un tercio del Senado y la mitad de la Cámara de Diputados, además de los legisladores de parlamentos regionales, en unos comicios que podrían reordenar el mapa político del país y son considerados un referendo sobre la actual gestión.

Tras 12 años en el poder, Cristina Fernández dejó la presidencia en diciembre pasado con un alto apoyo popular –cercano al 30 por ciento de los votos– pero también con un fuerte rechazo a su estilo frontal, las amplias regulaciones que aplicó sobre la economía y las sospechas de corrupción.

Por eso algunos sectores del peronismo rechazan su liderazgo, aunque los votos que la ex mandataria todavía arrastra no son despreciables.