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jueves 15 de septiembre de 2016, 01:00

Pensar en la masacre nos entristece

Un nuevo aniversario. Cuatro años y tres meses de la masacre de Curuguaty. Comienza con el asesinato de 16 paraguayos con armas de guerra. Estas las tenían la GEO y FOPE.

Luego el apresamiento indiscriminado de campesinos. El remate con el tiro de gracia de al menos tres desaparecidos. Torturas, maltrato y los cadáveres echados envueltos en hule negro en el suelo. Un centenar de imputados.

El fiscal Jalil Rachid solo investiga la muerte de los seis policías. Los otros son campesinos. ¿Qué importa? Pierden las pruebas a favor de estos. Introduce otras en su contra. A los tres años lo ascienden a viceministro de Orden Público. ¿Es un premio o una huida?

Los presos en la cárcel. Dos huelgas de hambre y consiguen prisión domiciliaria. A Rubén Villalba se le resucita un proceso ya pasado y lo devuelven a Tacumbú.

Y comienza el juicio. La nueva fiscala con sus ayudantes acusa con crudeza. Los abogados protestan, pero el presidente del Tribunal siempre da la razón a los representantes del Ministerio Público. Los fiscales al final han cambiado el contenido primero de la acusación agravándolo.

Paralelamente, todo es rechazado por el pueblo en reuniones, marchas, conversatorios, audiencia pública, conferencias, etcétera.

El presidente dicta sentencia, repitiendo palabras textuales de la fiscala y agravando las penas. La lectura completa de la sentencia fue un espectáculo delante del Palacio llamado de Justicia.

Varios centenares de policías más los antidisturbios y los de la FOPE “defendían” al tribunal. Frente a ellos el pueblo protestaba con fuerza.

Ahora estamos en la apelación. El Tribunal vuelve a aprobar la sentencia. La Fiscalía vuelve a confirmar todas las acusaciones. La apelación sigue ahora en un Tribunal de Salto de Guairá.

La carpa de la resistencia, que se abrió el 4 de julio, se mantiene abierta con actividades diarias. Es el punto de cita de campesinos y asuncenos.