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Opinión
sábado 6 de agosto de 2016, 01:00

Peculiaridades del impuesto revolucionario

Por Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia

Curioso por conocer cómo funciona el cobro del impuesto revolucionario del EPP, consulté con ganaderos amigos del Norte. Con la generosidad que me caracteriza, lo comparto con los lectores. El esquema de cobro comenzó hace una década, cuando promediaba el gobierno de Nicanor Duarte. El EPP se había fortalecido en territorios cercanos a Tacuatí, zona de agricultores menonitas. Fue cuando empezaron las quemas de tractores, camiones, cultivos y retiros de estancias.

En el 2009, luego del secuestro de Fidel Zavala, el EPP migró más al Norte del Departamento de San Pedro, a Concepción, en los alrededores de Hugua Ñandu, donde los extorsionados eran pequeños y medianos ganaderos paraguayos. Estos cobros compulsivos generan un flujo constante de caja que sostiene los gastos operativos y que se refuerza con cada secuestro. Cuando el grupo denominado ACA se desprendió del EPP, el sistema se desorganizó un poco, pues los comandados por los hermanos Jara Larrea se dedicaron a recaudar con entusiasmo, llegando a asaltar estancias. Como eran mucho menos disciplinados, varios de ellos fueron abatidos.

La metodología del cobro no es complicada. Se suele hacer a cara descubierta, sin intermediarios, en la propia estancia del ganadero amenazado. Los montos y la periodicidad son muy variables y de esto nadie habla. Por miedo, pero también porque es un hecho punible, estipulado en la ley que castiga el financiamiento al terrorismo.

Con la llegada de la Fuerza de Tarea Conjunta, algunos ganaderos se negaron a pagar. Entonces los menonitas se convirtieron en las víctimas preferidas. Su inversión en maquinarias y cultivos es muy valiosa y está desprotegida. Y, muchas veces, es administrada por la comunidad. Eso explica que esté secuestrado el adolescente Franz Wiebe, cuya familia no es adinerada. No fue un error, fue un mensaje a toda la colonia: el impuesto revolucionario no puede dejar de pagarse.

El EPP también tiene dificultades para imponer su canon. Pululan los extorsionadores avivados que se hacen pasar por integrantes de la organización. Conocen el método y el estilo de sus mensajes. Esta competencia desleal se evidenció en el caso del secuestro de Abrahán Fehr, cuya familia entregó cien mil dólares que nunca llegaron al destino correcto. Por otra parte, con tanta plata en juego, también hay corrupción interna. En el 2011, el EPP expulsó a su administrador, Óscar Benítez, por desvío de fondos. Y la relación con los narcotraficantes siempre es tensa, pues comparten territorio.

Que en el Norte el Estado esté medio ausente no quiere decir que la política fiscal del EPP sea una gestión fácil. "En este país nadie quiere pagar impuestos", dicen sus comandantes, mientras piensan cómo ampliar la base tributaria.