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Política
martes 31 de enero de 2017, 02:00

Payo Cubas y la falsificatón

Enrique Vargas Peña
Por Enrique Vargas Peña

Paraguayo Payo Cubas es un grosero, zafado y temerario abogado que se dedica a evidenciar y escrachar a quienes son sospechosos de corrupción y, ciertamente, es lo que una señora "bien" calificaría como maleducado.

En un acto que tiene elementos ilegales, Cubas organizó un escrache contra el cuestionado fiscal general Javier Díaz Verón, un funcionario que no ha visto y sigue sin ver las muchísimas irregularidades que caracterizan al gobierno de Horacio Cartes, en el curso del cual se dañaron con pintura tres automóviles sin chapa que se encontraban frente a la casa de Díaz Verón.

Espero que Díaz Verón haya explicado ya, o explique si no lo hizo, qué se cree para aprovechar el uso de automóviles que violan las leyes que nos obligan a tenerlos con chapas.

Pero independientemente de eso, Cubas fue privado de su libertad con otros ciudadanos que lo acompañaban, que fueron recluidos en la Agrupación Especializada, donde hasta el momento en que escribo esto continúan presos.

Al mismísimo tiempo, exactamente al mismo tiempo, los autores materiales y morales, y los beneficiarios, de la falsificatón elaborada para dar soporte a la violación de nuestra Constitución con la reelección vía enmienda ni siquiera fueron indagados; están todos muy cómodos y muy seguros planeando su propia impunidad en este tema.

Esto, a pesar de que la falsificación de firmas es un delito de acción penal pública, lo que significa que los fiscales deben perseguirlo de oficio, sin que nadie se los pida, que tiene expectativa de pena de hasta diez años de cárcel.

Es mucho más grave para la seguridad jurídica y para el estado de derecho la falsificación de firmas de electores que pintar grafitis sobre autos en situación irregular, pero el fiscal Díaz Verón considera que su prioridad es el tema de la pintata.

La detención de Cubas, contrastando con la impunidad de los autores y beneficiarios de la falsificatón, muestra sin posibilidad de disimulos y deja en evidencia para quién trabaja Javier Díaz Verón: para Horacio Cartes, y no para el pueblo paraguayo que le paga el salario, aunque no puedo descartar que Cartes también le pague, incluso cuando esos pagos serían ilegales y subversivos.

La fiscalía de Díaz Verón, a través de la fiscala Stella Marys Cano, ya imputó a Cubas y a sus compañeros de reclusión y pidió su prisión preventiva. Ningún implicado en la falsificatón para Cartes está imputado. Las diligencias sobre este caso se llevan casi en secreto, a paso de tortuga, dificultando lo más posible cada denuncia, pues se les hace esperar hasta cuatro horas a los afectados para tratar que desistan.

Cartes y Díaz Verón ya tienen en la historia de nuestro país un lugar asegurado, el de estar haciendo el intento más serio desde el 3 de febrero de 1989 para reconstruir la lógica del régimen de Alfredo Stroessner: "Para los amigos, todo; para los enemigos, palo; para los neutros, la ley". Los dos deben ser destituidos urgentemente.