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Opinión
martes 21 de febrero de 2017, 02:00

Paveando por un sueño

Por Lupe Galiano
Por Lupe Galiano

Como en los spaghetti western, en Paraguay las cosas siempre se plantean como cuestiones de bandos. Quiénes son los buenos y quiénes son los malos depende de la postura del amable lector y la apreciada lectora: mientras unos vibran con los vaqueros, otros hinchan por los cheroquis.

Así fue desde los inicios de la República, cuando Francia se enojó con Caballero, Yegros y Cavañas, quien ni siquiera aparece en los libros escolares de historia, pasando por la era de los saco puku y los saco mbyky, hasta ahora que es el tiempo de los lapi mbyky. Los lapi puku no suelen andar por la calle El Paraguayo Independiente.

En la historia reciente que todavía sangra, tuvimos a los golpistas y a los golpeados. Estaban los que defendían el estado de derecho y los que les importaba un comino: le sacamos a este y le colocamos a este. Una anécdota más del republicanismo del Paraguay.

Cuando creés que ya viste todo tipo de alianzas y contralianzas para conseguir alzarse con el poder, te equivocás. Ahora resulta que los golpeados se unen con una parte de los golpistas para hacer un golpe, mientras otros golpistas se alían con otros golpeados para evitar un golpe. Unos dicen que se juntan para resguardar la Constitución Nacional y otros alegan, que, resguardando la Constitución Nacional, harán posible un anhelo largamente acariciado por todos los mandatarios, incluso por Facundo Machaín, que duró menos de 24 horas en el sillón de López.

La reelección está en el top ten de la agenda nacional desde siempre. No es una novedad. Ahora, la variante es si se viola o no la Constitución Nacional para lograr la bendita reelección.

Aquí caben dos posibles suposiciones, siempre en la teoría de los buenos y los malos. Opción A: Todos los paraguayos y las paraguayas que acceden al poder, aunque sea un poder mimi, tienen un Stroessner'i que quiere salir del placard. Opción B: Todos los paraguayos que acceden al poder de verdad quieren hacer algo por la Patria para que después Dios y el pueblo no les demanden o algo por el estilo.

Suposiciones al margen, estos tipos se unen, se desunen, se insultan, se muestran el dedo del medio, se amenazan con sicarios, se odian, cenan juntos, se acarician, todo por tu cara, mientras te convocan a una manifestación de apoyo, de repudio, de contrarrepudio y vos te vas porque todavía creés en la democracia o porque demasiado necesitás el vaka'i y los 50.000.

Lo único que se puede decir es: basta na ya. Dejen de interpretar la Constitución, paren de pavear y pónganse a trabajar. Ya no podemos seguir más con cortes de luz, escuelas que se caen, baches que matan, bonos que endeudan y demás incompetencias.