4 de diciembre
Domingo
Parcialmente nublado
19°
31°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Miércoles
Mayormente nublado
23°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Política
domingo 31 de julio de 2016, 01:00

Pavão de impudicia

Jarvis Pavão es un viejo corruptor del sistema de seguridad y de justicia en Paraguay con fuerte vinculación a la narcopolítica. Su paso por los tribunales son la foto perfecta que revela el sometimiento de las instituciones.

Pavão está condenado en Paraguay por lavado de dinero y asociación criminal. Está preso desde el 2009 cuando la Senad (organismo antidrogas) lo capturó en su extravagante estancia en Concepción, en un operativo que incluyó apoyo de fuerzas de seguridad internacionales.

Con apenas 42 años es un experimentado pez gordo del narcotráfico. Brasil ha planteado sendos pedidos de extradición ya aprobados y espera ponerlo entre rejas por su “condición de gran proveedor de cocaína para el Brasil, internando en territorio nacional la droga e incrementando cada vez más su poderío económico”.

La demora para extraditarlo al Brasil es una muestra de su poder. La Justicia paraguaya, muy soberana y nacionalista cuando se trata de extraditar a narcotraficantes, decidió que cumpla primero su condena aquí en vez de deshacerse de él y enviarlo lo más lejos posible. Como se comprobó, la cárcel paraguaya no es sino una celda de oro sin barrotes ni restricciones desde donde seguía haciendo sus negocios.

Apenas cumpla su condena en el país, el año que viene, Pavão debe ser extraditado a Brasil sin más trámite, aunque sus abogados están buscando afanosamente la manera de trabar la ya aparente inevitable extradición. Y esta parece ser la trastienda del escándalo que puso en el epicentro el estilo de vida del preso más lujoso del Paraguay, gracias a la complicidad y corrupción de quienes debían mantenerlo a raya.

TRADICIÓN FAMILIAR. En el 2010, su hijo Jarvito también estuvo en Tacumbú, donde gozaba de privilegios similares. Había sido detenido con 117 kg de cocaína, pero en aquel entonces los jueces Doddy Báez, Silvio Reyes y Enrique Alfonso lo liberaron por “deficiencias en la investigación”, acusando a los fiscales Javier Ibarra y Jorge Noguera por las débiles acusaciones. Una vez más los efectivos “defectos de forma” fueron el argumento oportuno. Los jueces fueron suspendidos, pero Jarvito ya había cruzado la frontera.

Pavão de justicia.

Hoy su padre está en la vidriera luego de un fallido plan de fuga.

¿Por qué huiría si el año que viene cumple la condena? Porque en Brasil lo esperan muchos años de cárcel (se estima cómo mínimo 20 años), por tanto el escape es su mejor opción, según sospechan los investigadores. El tiene la capacidad de vivir en la clandestinidad gracias a su inmensa fortuna.

CADENA DE RESPONSABILIDADES. A raíz del plan de fuga, el Ejecutivo ordenó la remisión de los cabecillas a la Agrupación Especializada, pero el único que se opuso fue Pavão. Esta decisión fue clave para que se viniera abajo la cúpula carcelaria, incluida la locuaz ministra de Justicia, Carla Bacigalupo, que ya caminaba en la cuerda floja. Aún humeaba sobre su gestión el incendio del penal que costó la vida de 6 personas.

Pavão no solo se atrincheró con prepotencia protegido por sus reclusos-guardias-capangas. Tuvo la ayuda de una desempolvada resolución judicial que prohibía su traslado de Tacumbú que sirvió como argumento perfecto para que la ministra Bacigalupo vacilara en demasía y los jefes del penal “muy respetuosos del juez” se opusieron a su remisión. Pero fue llevado casi a la fuerza, y cayó el telón dejando al desnudo la grosera protección de la que gozaba el generoso convicto. Ocupaba tres celdas sin barrotes: habitación, baño, placard, oficina propia, chefs incluidos, mientras más allá de sus lujosas paredes 3.500 presos sobrevivían hacinados en un infierno cuya capacidad no supera para 1.680 personas.

Los privilegios de Pavão son un atentado jurídico, político y moral y justifica plenamente la destitución sin eufemismos de la ministra y sus colaboradores.

MIRAR HACIA OTRO LADO. El narcotraficante está en Tacumbú desde el 2009, por tanto la protección y complicidad de las autoridades del penal se dan desde la era Lugo, pasó por el Gobierno de Franco y siguió en la era Cartes. Pasaron ministros de Justicia, directores del penal con sus respectivos jefes, que permitieron estos privilegios y gozaron de puntuales cuotas dolarizadas de su dinero malhabido. Por tanto, el muerto no puede asustarse del degollado. Ni el viceministro Éver Martínez, quien interina el cargo, puede hacerse hoy el desentendido.

Pavão es la metáfora perfecta de la putrefacción institucional. No solo vivió como un rey, sino tuvo información privilegiada de su remisión; ergo le avisaron las autoridades del penal. Activó su defensa jurídica y en 3 horas un juez desempolvó una vieja resolución para que permanezca en Tacumbú. Hubo casi un motín de reclusos y guardiacárceles para evitar su traslado, muy comprensible luego de conocerse las obras de beneficencia: Una cancha de fútbol, una capilla, una biblioteca, un comedor, salario para cocineras, un pabellón para 120 personas, alimentos para 80 reclusos, baños y hasta una nueva habitación para el director del penal, detalladas por su abogada que con jactancia graficó cómo Pavão da mejores respuestas que el Estado.

Pavão es un desafío para el sistema institucional. De los pasos que den a partir de ahora el Ejecutivo y la Justicia se verá si hay intenciones de exorcizar demonios.