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Editorial
sábado 2 de julio de 2016, 01:00

Paraguay debe proteger a sus niños de la violencia

En el transcurso de esta semana la ciudadanía fue testigo de una serie de denuncias de abuso sexual en niños. Una realidad tan actual, cotidiana como lacerante para esta sociedad que aún no logra encontrar los mecanismos ni las estrategias para ponerle freno a estas acciones que suponen una terrible violación de los derechos de los niños. En 2015 hubo un total de 2.380 denuncias de abusos en niños y adolescentes y en 2016 la cifra tiende a aumentar. Evitar estos hechos debería convertirse en una causa nacional. Todos los actores involucrados: Fuerzas policiales, Fiscalía, Poder Judicial y Secretaría de la Niñez deben enfocar sus esfuerzos en lograr que ni un solo niño paraguayo más sea violentado.

En un verdadero infierno viven miles de niños en el Paraguay, víctimas de todo tipo de violencia y abuso sexual. Uno de los casos más recientes se dio en la ciudad de San Lorenzo, donde un hombre de 44 años fue detenido por abusar sexualmente de su hija de 15. La adolescente confesó el abuso a sus profesores.

Los maestros realizaron la denuncia en la comisaría de San Lorenzo y luego se produjo la detención del progenitor. El presunto padre abusador ya fue imputado por coacción sexual a menores. Se cree que el pederasta abusaba de su hija desde hacía tres años, cuando la niña contaba con apenas 12 años.

Los datos a nivel país que se disponen sobre este abominable crimen señalan que, de enero de 2015 hasta abril de 2016, se registraron 2.380 denuncias de abusos en niños y adolescentes. Solo en los cuatro primeros meses de 2016 se contabilizaron en Paraguay 933 denuncias de violencia sexual a menores de edad, de las cuales 669 corresponden a casos de abuso sexual, 31 a trata de personas, 212 a pornografía y 21 a proxenetismo, según datos de la Secretaría de la Niñez. Cada año cerca de 700 niñas –de 10 a 14 años– dan a luz bebés, la gran mayoría de ellos fruto de abuso sexual.

Los niños y las niñas de Paraguay viven en una situación de indefensión, y aunque no estamos en posición de afirmar que ahora se producen más casos de maltrato y abuso, es evidente que hay más denuncias. Si tuviéramos la certeza de que se está perdiendo el temor para realizar las denuncias, y que existe una mayor confianza en las instituciones, podríamos decir que es un buen primer paso.

Sin embargo, todavía hay demasiados casos que no llegan hasta las autoridades y son acallados por el miedo. Ante esto, es importante recordar que el artículo 5 del Código de la Niñez y la Adolescencia compromete a toda la sociedad: "Toda persona que tenga conocimiento de una violación a los derechos y garantías del niño o adolescente debe comunicarla inmediatamente a la Consejería Municipal por los Derechos del Niño, Niña y Adolescente (Codeni) o, en su defecto, al Ministerio Público o al defensor público"; la ley garantiza además que las denuncias se puedan hacer en forma anónima.

La situación está fuera de control; por tanto, se espera de las instituciones: Secretaría de la Niñez, Policía Nacional, Fiscalía, Poder Judicial, la Iglesia, la comunidad educativa y la familia, así como la sociedad entera, que sean capaces de articular acciones para la prevención y la concienciación.

Proteger la integridad y la dignidad de los niños, defender y hacer cumplir sus derechos es obligación de todos. La lucha contra el abuso sexual en niños debe ser una causa nacional.