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Opinión
domingo 17 de julio de 2016, 01:00

Para vos, hijo

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

Cumpliste quince años. La amplia avenida de la vida empieza a abrirse a tu paso.

Anda, camina. Yérguete y muévete a paso firme, decidido. Mantente relajado, pero atento. Sé dueño de tus propios pasos, pero aprende a compartirlos. Camina con todos tus sentidos prendidos. O si no te perderás los paisajes de la vida y a los compañeros de ruta.

Muévete al ritmo de tu corazón y de tu razón. Y aprende a hacer que estos se pongan de acuerdo. Cuando ellos se confunden se dan los pasos en falso. No bajes la cabeza como un sometido y no la alces como un presuntuoso.

Búscate aliados, no cómplices. El primero vela por el interés de ambos; el segundo solo por el suyo. Haz de la sonrisa franca tu estandarte, pero no andes sonriendo al santo cohete, parecerás falso o estúpido, o ambas cosas a la vez. Guarda el ceño fruncido para los que merecen. Recuerda que tu rostro es lo primero que ven las personas y allí ya empiezan a juzgarte. Y es muy difícil cambiar esta primera impresión.

En el dinero y el amor sé ambicioso, aunque realista. No gastes más de lo que puedas conseguir y no prometas más de lo que puedas cumplir. Lo primero te dejará en bancarrota; lo segundo, la cara rota. Haz del dinero tu aliado. No corras detrás de él; haz que él venga junto a ti o al menos que te espere en algún lugar cómodo. Gasta el dinero, pero que él no te gaste a ti.

Antes de hablar, piensa. Pero no pienses mucho, te tomarán por tonto. Sé rápido y filoso, pero no hieras en vano. Que el otro se acuerde de tu fiereza, no de tu malicia.

Sé firme con los más fuertes, justo con los débiles y ecuánime con los iguales.

Sueña. Es la única forma de tratar de vencer el incierto futuro. Pero no sueñes en vano; el peor plan es el que no se realiza, no el que acaba en fracaso. Aprende de tus errores y acepta tus derrotas con humildad, cabeza fría e inteligencia, así las revertirás.

Y por Dios, ama. Entrégate con pasión, responsabilidad y sentido común. Pero no te sometas. La pareja es un asunto de dos, de iguales, no de uno por sobre el otro. Tampoco te niegues a los deleites y las voluptuosidades. Sé como un árbol que se deja acariciar por los vientos más fuertes sin perder el equilibrio.

Si quieres creer, cree. Puedes creer en lo que más te llene, pero jamás dejes de creer en ti.

Y fundamentalmente sé feliz. Eres una persona importante y el mundo es tuyo. Tómalo. Tu papá.