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viernes 16 de septiembre de 2016, 01:00

Para los más ricos del Paraguay

Es curioso las muchas veces que Jesús habla del dinero, viviendo en la sociedad de Galilea en la que solamente el dinero de oro y plata lo poseían unos pocos. El pueblo solamente en ocasiones tenía moneditas de poquísimo valor. El pueblo no compraba sino intercambiaba productos agrícolas para sobrevivir.

Jesús las veces que habla lo hace con dureza. Como con un adversario con el que no se pacta. Y no olvidemos nunca que el Padre Dios de Jesús es misericordia.

Pareciera, inclusive, que Jesús no conociera “el dinero limpio” cuando es mucho. Seguramente porque el dinero que en poco tiempo ha crecido desmesuradamente, es señal de haber sido ganado injustamente. En su origen y en su empleo, suele, tiene entonces algo malo que se ha de reparar.

Modernamente se hace con el blanqueo del dinero aumentando los costes para engañar a la ley o en los paraísos fiscales. Pero ese blanqueo ante Dios no tiene valor. El único valedero es compartirlo con sus hijos más pobres.

Compartirlo no es regalarlo. Los regalos llenan un día el estómago, pero los pobres siguen siendo pobres. Se trata de emplearlo en fuentes justas de trabajo. El trabajo saca de la pobreza y da dignidad al que lo hace.

Otra cosa. Se engañan los que consideran a la riqueza como una señal de bendición divina por cumplir los mandamientos e ir a la Iglesia. Esto no es evangélico. El ser rico no es ninguna aprobación de Dios a la vida de los que abundan en plata.

Finalmente, Jesús llama al dinero “mammona” lo que da seguridad. Seguridad engañosa. Porque el dinero nace del empobrecimiento de la mayoría. Porque se gasta ostentosamente con el escándalo de los pobres. Porque lo pueden robar. Porque cuando mueran ni un centavo se llevarán en los bolsillos.

Amigos más ricos del Paraguay: “Dios o el dinero”. No hay otra alternativa.