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Editorial
martes 2 de mayo de 2017, 02:00

Para honrar la memoria, hay que liberar lista de los pyrague

El Poder Judicial debe autorizar la desclasificación de la lista de cerca de 500 pyrague o informantes de la dictadura, que hasta ahora se guarda bajo estricta confidencialidad en el Archivo del Terror, para que la sociedad acceda a conocer a quienes se prestaron servilmente a delatar a sus compatriotas, en muchos casos ocasionándoles tortura, exilio, desaparición y muerte. A 25 años del hallazgo de los documentos de la Policía stronista, ya no tiene mucho sentido mantener esta nómina en secreto, en una época en que se impulsan la transparencia y el libre acceso a la información pública. La mejor manera de no repetir los hechos trágicos del pasado es divulgándolos, para que ayuden a crear conciencia ciudadana.

En diciembre próximo se cumplirán 25 años del hallazgo del llamado Archivo del Horror, que en realidad eran documentos internos sobre actos de represión manejados por la Policía durante la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989), que fueron encontrados en una dependencia de la propia institución policial, y que por primera vez exhibían una amplia documentación del terrorismo ejercido desde el Estado contra miles de ciudadanos.

Entre estos documentos existe una lista de unos 500 informantes de la dictadura, los que en el folclore paraguayo se denominan como pyrague ("pies con pelos", según la traducción literal), en la mayoría de los casos ciudadanos comunes que se dedicaban a espiar a las personas, incluidos sus propios vecinos o parientes, para delatarlos como supuestos "subversivos", "comunistas" o "enemigos de la democracia", por el simple hecho de pensar diferente o de tener posturas críticas ante el régimen tiránico.

La lista de los pyrague, junto a otra famosa nómina conocida como "la lista de los 108", o personas caracterizadas de ser homosexuales, fueron clasificadas como de carácter secreto tras su hallazgo, por considerar que ponían en riesgo el derecho a la intimidad de las personas.

Hasta ahora ambas listas son mantenidas en celoso secreto en el Centro de Documentación y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos, más conocido como el Archivo del Terror, dependiente del Poder Judicial, según lo ha revelado un reportaje publicado por este diario el domingo último. Dichas nóminas solo pueden ser consultadas mediante una orden judicial.

A 25 años del hallazgo de los documentos de la Policía stronista, ya no tiene mucho sentido mantener estas nóminas en secreto, en una época en que se impulsan la transparencia y el libre acceso a la información pública. En el caso de la lista de los homosexuales, si bien existen reservas en que sea conocida debido a los prejuicios que persisten, se ha avanzado mucho en el respeto a los derechos de personas con orientación sexual diferente. Divulgar la lista puede contribuir a generar conciencia acerca de cómo estas personas eran criminalizadas y perseguidas injustamente, solamente por el hecho de ser consideradas homosexuales, como si eso fuera un delito.

En el caso de los pyrague, la desclasificación de la lista se hace necesaria para que la sociedad acceda a conocer a quienes se prestaron servilmente a delatar a sus compatriotas, en muchos casos ocasionándoles tortura, exilio, desaparición y muerte. Mantenerlos en la confidencialidad implica también protegerlos con alguna forma de complicidad.

La mejor manera de no repetir hechos trágicos del pasado es divulgándolos, para que ayuden a crear conciencia en la ciudadanía.