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Opinión
lunes 27 de febrero de 2017, 02:00

Para dejar en el camino a tanto inglés

Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Luego de años de lecturas heterodoxas, he encontrado la manera de identificar algunos síntomas de que un libro ha tomado posesión de mí y de que me lleva de la nariz al ojo mismo de un huracán en donde todo está en aparente calma —la aparente calma del lector—, pero desde donde se puede sentir lo que en el ámbito de los huracanes se llama la pared del ojo: un mundo vivo en permanente agitación, en inminente catástrofe. Las grandes historias escritas por los mejores escritores y escritoras son aquellas en las que el lector está en el ojo de un huracán, lo ve todo como si estuviese fuera, pero siente en los ojos gruesas gotas de lluvia. Cuando me encuentro ante un libro así, me olvido de subrayar pasajes memorables.

Eso fue lo que me pasó el sábado pasado, durante las horas ininterrumpidas de lectura, con El partido. Argentina-Inglaterra 1986 (Tusquets, 2016), del periodista argentino Andrés Burgo. Si Ulises, de James Joyce, es la crónica multitudinaria de un solo día de junio de 1904 en Dublín, el texto de Burgo es la morosa disección en tres partes del antes, el durante y el después de un partido de fútbol en junio de 1986 en México. Es la épica cotidiana de la novela y el periodismo mejores que heredamos del siglo XX.

El autor fatigó hemerotecas; visitó, escribió y llamó a jugadores, directivos, hinchas, médicos, utileros, políticos, periodistas, fotógrafos y diversos actores que tuvieron que ver directa o indirectamente con lo que se decidía en el partido por los cuartos de final de la Copa del Mundo México 86, entre Argentina e Inglaterra. Porque desde un primer momento se supo que aquel no era un partido más: el recuerdo fresco de Malvinas planeó los días previos del lance, y Burgo reconstruye su influencia con puntillosa precisión. Al día siguiente que Inglaterra eliminó a la selección paraguaya de Romerito, el diario El País de Uruguay tituló: "Inglaterra pisó fuerte sobre el Chaco paraguayo y ahora prepara el asalto final a Malvinas".

El talento de Burgo consiste en resistir a la tentación facilista de acumular anécdotas. Hizo algo mejor: con el ingente material reunido en torno a 24 horas en la vida de un grupo diverso de personas, armó un puzle narrativo que hace de las iguales, tamizadas o diferentes versiones de un mismo hecho el centro de una historia que viaja en espiral hacia la consagración mundial de Maradona como el más grande futbolista de su tiempo (y de todos los tiempos, para quien esto escribe).

Maradona es una fulgurante presencia y una ruidosa ausencia en el libro de Burgo. No habló para el mismo: había que llegar a él (lo cual ya era difícil) y hacerle una propuesta económica. Pero es casi necesario que no esté: su genio futbolístico impone la metáfora del sistema solar, en donde el sol es él y todo un país está orbitándolo sobre los hombros de otros diez futbolistas.

Un partido de fútbol no es solo un partido de fútbol: eso es lo que comprueba el poderoso libro de Burgo.