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Opinión
martes 28 de febrero de 2017, 02:00

Para Cartes, que no lo mira ni por tevé

Por Brigitte Colmán -@lakolman
Por Brigitte Colmán

Tan mal estamos, que hasta Pablo Repetto ya se fue de Olimpia, y adivinen quién todavía no se dio cuenta de que no queremos su reelección.

Según la encuesta publicada por ÚH desde el domingo, un 68,7% quiere la reelección, y la quiere para el 2018. Pero, al mismo tiempo, hay un 77% de paraguayos que considera que el uso de la enmienda para introducir la reelección presidencial violaría la Constitución Nacional.

Clarito como el cristal nio es. Sin embargo y contra todo pronóstico, el presidente y sus amigos siguen con el remanido tema.

Hasta recurrieron a la Corte Suprema de Justicia buscando un recurso –que parece que no existe en la Constitución– que les pueda colaborar con la cocinada. El mentado recurso es bastante jodido, porque le va a permitir al Gobierno vender más bonos, porque necesita plata para pagar las deudas.

Demasiado grande ya nos mintieron con Cartes. Él tiene plata y no va a robar; él es un exitoso empresario y sabrá administrar el país. ¡Ja! Miren cómo estamos: endeudados, hasta el cuello está este pobre país, y todo por culpa de Horacio Cartes y los cartesboys. O quizá el problema es, precisamente, que demasiado bien luego ya entienden.

Y mientras el grupo que insiste con la enmienda para prolongar el mandato presidencial no para, las aulas y muchos frondosos árboles comenzaron a dar la bienvenida a los niñitos, niñitas en todo el país, en el inicio de un nuevo periodo escolar.

Esta, además de la cantidad de gente viviendo en pobreza extrema, debe ser una de las realidades más tristes de todo el universo, incluyendo los siete exoplanetas descubiertos recientemente.

Es una de las cosas más desgraciadas que puede suceder en un país: que no es pobre en recursos, que no vivió recientemente una guerra civil, que no pasó por un periodo de sequía que causara hambruna y tampoco fue azotado por tornados, tormentas o devastado por tsunamis o terremotos.

Resulta inmoral que, dadas las condiciones del Paraguay, sus niños y jóvenes sean víctimas de malos ministros y políticos inescrupulosos que solo piensan en su propio beneficio.

Un caso ejemplar publicado por ÚH cuenta la historia de los chicos que dan clases bajo un árbol en la escuela San Isidro de la zona de Montaña Alta, en la ciudad de Limpio: "Tenemos ganas de estudiar para salir adelante, es nuestro último año y estar bajo el árbol no nos va a parar", decía Micaela Benítez, mejor alumna del tercer ciclo.

Los estudiantes van a organizar polladas y hamburgueseadas, todo lo que genere recursos para reparar el salón y las sillas. Mientras, el ministro de Educación le culpa a cualquiera y el presidente no sale de su burbuja reeleccionaria.