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Opinión
jueves 16 de febrero de 2017, 02:00

Pan y circo

Miguel H. López – En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

Tirios y troyanos. Todos en la misma bolsa. Al final, el álgido ambiente que se vive en el Parlamento en torno a la idea de aprobación de la incorporación de la reelección presidencial vía enmienda, pese a las barreras constitucionales para un nuevo tratamiento, está convirtiéndose en una verdadera bufonada. Tanto los partidarios como los contrarios ya están vestidos como saltimbanquis; y todos sus actos son de hazmerreír, para luego llorar por lo que terminarán haciendo contra la República, contra nosotros.

Antes de seguir, aclaremos que la figura de la reelección es buena. Lo malo es que quieren colocarla torciendo las reglas del pacto jurídico que juraron defender ante todo. El pedido de enmienda ya fue tratado y rechazado en agosto de 2016. Por ley debe esperarse un año para volver a darle entrada y discusión.

A estas alturas, tanto el grupo de dirigentes políticos que promueve a cualquier precio el tratamiento en el Legislativo del proyecto de enmienda, argumentando la legalidad del acto, como quienes denuncian que hacerlo irá contra la Carta Magna, se ubican en la línea de echar en gorra la institucionalidad. El debate de lo jurídico y lo político ingresa a una enjundiosa encrucijada, de donde la definición irá, como casi siempre, por el lado del que se imponga, sin importar razones ni realidades. Manotazo y plata.

Los que produjeron el golpe parlamentario de junio de 2012 contra el presidente constitucional Fernando Lugo, usando como pretexto la matanza de Curuguaty, ahora van divididos. Unos quieren la enmienda para la reelección del actual presidente, Horacio Cartes, forzando las normas; Cartes encabezaba el plan del juicio de destitución contra Lugo. Hoy, Lugo está en la misma tesitura que Cartes: modificar las reglas para tentar también su reelección. Todo apoyado por el grupo de Blas Llano, que apoyó el quiebre institucional de 2012.

En tanto, los liberales, PDP, oviedistas y colorados disidentes, en esencia golpistas de 2012, ahora se desgañitan denunciando riesgos de un golpe contra la institucionalidad y acusan a Cartes, Lugo, Llano y otros héroes de tal amenaza. Todos entreverados. Esta vez, ninguno se salva de heder a golpismo, ya sea de ida o de vuelta. De derecha, de izquierda o poncho juru. Finalmente son todos exponentes de la cultura política dominante, sin importar el matiz del pelaje que ostentan. En el fondo, son funcionales y sostenedores del modelo político y económico que en la práctica no es beneficioso para la mayoría.

El circo está montado. Los payasos, hace tiempo ensayan sus números. Al final, la población que mira terminará siendo merienda de los leones. Ninguna novedad.