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Economía
lunes 18 de julio de 2016, 01:00

Pactos

Durante la semana que culminó, tuvo lugar en la Expoferia de Mariano Roque Alonso un interesante acto de firma de un documento que se dio en llamar Pacto Social Empresarial por la Reinserción de Personas que salen del Sistema Penitenciario.

A través de este compromiso, firmado por una buena cantidad de gremios y asociaciones empresariales con el Ministerio de Justicia, se busca fundamentalmente involucrar a las empresas en los procesos de reinserción social de aquellas personas que estuvieron privadas de su libertad, pero que actualmente buscan con esperanza reencauzar sus vidas.

Al mismo tiempo, se buscará trabajar en procesos de producción en los diferentes establecimientos penitenciarios y centros educativos del país.

Se trata, por lo tanto, de articular acciones entre el sector público y el privado para promover una cultura de inclusión social.

Cuando estábamos en la firma del documento, con la presencia de varios ministros y dirigentes empresariales de diversos sectores de nuestra economía, reflexionaba sobre la importancia de apuntar decididamente hacia este tipo de pactos o acuerdos.

Un pacto establece siempre un fiel compromiso hacia los términos acordados y obliga a los que voluntariamente han firmado dicho instrumento a cumplir con lo declarado.

El pacto también supone la necesidad de trabajar juntos en una dirección determinada, asumiendo que los objetivos que se buscan no se podrán lograr de manera unilateral o aislada.

Al mismo tiempo, implica entonces una declaración de confianza entre las partes, creándose fundadas expectativas hacia cómo uno espera que se comporten las partes firmantes del pacto.

En fin, compromisos de fiel cumplimiento, trabajo en conjunto, desarrollo de espacios de confianza, son valores esenciales en una democracia para sortear los complejos problemas a que se enfrenta normalmente una sociedad cada vez más diversa.

Por supuesto que no faltan los escépticos que dirán que estos pactos son sencillamente documentos con hermosas palabras que luego quedan en el olvido y no cambian nada; que en realidad son “solo para la foto”. De hecho, estos comentarios delatan la gran desconfianza social que existe casi en todos los ámbitos.

De todas maneras, la única forma de combatir lo último es apostando a más procesos como el indicado en los primeros párrafos o quedaremos siempre atrapados en nuestros pequeños círculos autorreferenciales y de confort, pero desde donde no se podrán construir ideas verdaderamente superadoras.

En las sociedades modernas y democráticas, es una total ilusión considerar que un grupo determinado pueda contar solo con el suficiente poder para generar los cambios que se necesitan para avanzar hacia el progreso sostenido. Es decir, se necesita pactar.

Por ello, preocupa mucho la sensación de polarización creciente que estamos viviendo en estos momentos, en donde parece que ya se iniciaron con fuerza las campañas mirando las presidenciales del 2018.

Acusaciones de tinte personal, descalificaciones ligeras, discursos casi de barricada, confrontaciones directas empiezan a crecer entre los actores políticos oficialistas y opositores. Y obviamente, esto nos aleja de la posibilidad de encarar determinados pactos que necesitamos.

No se trata de una dinámica nueva en nuestra sociedad y particularmente en nuestra cultura política, puesto que son procesos repetidos desde hace mucho tiempo.

Pero probablemente el elemento nuevo es que ahora tenemos una sociedad mucho más demandante y que ha pasado por un proceso de transformación positiva en la última década.

De manera muy cínica, muchos consideran que no ha cambiado nada en realidad y reproducen los mismos patrones de conducta autoritarios y agresivos que no construyen confianza.

La nueva dirigencia en todos los ámbitos debe combatir esa dinámica perversa. Y una buena manera de hacerlo es justamente mostrando el camino de los genuinos acuerdos y pactos que se firman y se cumplen responsablemente.