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Opinión
lunes 27 de febrero de 2017, 02:00

Otra vuelta de tuerca más a la naranja

Sergio Cáceres
Por Sergio Cáceres

Quiero seguir con el homenaje a Anthony Burgess, a quien el mundo recordó por medio de su novela más famosa: La naranja mecánica. Comentaré algunas de sus líneas más interesantes.

"La bondad es algo que uno elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre". Esta es la imagen antropológica más clara del libro y, a la vez, la idea central que más se debate. El pequeño Alex es obligado a elegir un comportamiento "bondadoso" para así dejar la delincuencia, pero el precio a pagar es su capacidad de elegir entre hacer el bien o hacer el mal. Además del libre albedrío, también se debe atender acá a lo que puede entenderse por la bondad y, su antítesis, la maldad.

En una bella y profunda obra, El valor de elegir, el filósofo español Fernando Savater nos dice: "«Bueno» y «malo» son términos referidos a lo consciente, a aquello por lo que se opta, es decir a ese libre albedrío que constituye la forma más íntima y problemática de la libertad por la cual antropológicamente nos definimos". Nuestra facultad de elegir está ligada a la noción del bien y del mal.

La naranja mecánica es un alegato en contra de la manipulación de la libertad. Es una denuncia contra los Estados autoritarios que quieren purgar la sociedad de los delincuentes por medios aún más deleznables que la delincuencia misma. Pero más aún, propone una reflexión de lo que consideramos bueno y malo, y otros temas que han sido parte de debates filosóficos por siglos.

"Convertir a un joven decente en un mecanismo de relojería no es ciertamente un triunfo para ningún gobierno, excepto si se siente orgulloso de su propia capacidad de represión". El personaje que dice esto es el que supuestamente escribe una obra a la que titula La naranja mecánica. Su lamento por lo que han hecho con el pequeño y otrora ultraviolento Alex lo dice todo: "Hay pecado supongo, pero el castigo fue del todo desproporcionado. Te han convertido en algo que ya no es una criatura humana. Ya no estás en condiciones de elegir. Estás obligado a tener una conducta que la sociedad considera aceptable, y eres una maquinita que solo puede hacer el bien".

Burgess se preocupa por la manipulación más directa y violenta, aquella que por el método de los reflejos condicionados de Ivan Pavlov modifica nuestra conducta. Hoy hay otras maneras de lograr lo mismo, pero con métodos más sutiles y sin tortura mediante. Sea cual sea, el manejar nuestro modo de actuar es un deseo que todos los Estados autoritarios quieren, pero incluso también aquellos que se autodenominan democráticos. Este es uno de los frentes de batalla más largos y tenaces que enfrentamos. Que nadie nunca nos convierta en una naranja mecánica. Será el fin de nuestra libertad y de nuestra humanidad.