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País
miércoles 13 de julio de 2016, 01:00

Oír con la vista, escuchar con los silencios

Había escrito toda una campaña para recordar la visita del papa Francisco. Pero me pareció mejor, más que repetir sus palabras, vivir lo que él nos enseñó ayudando a las víctimas inocentes de Curuguaty. Hemos fracasado e injustamente han sido condenadas. Seguiremos luchando hasta la absolución.

En 2015 P. Bartomeu Meliá escribió en Acción estos recuerdos de la visita del papa Francisco.

“El viernes 10 llegó el papa Francisco al Paraguay. El tiempo estaba feo e inestable. Los primeros actos protocolarios que incluían cantos y escenificaciones –nada folclóricas por cierto, al distanciarse tanto de lo realmente popular– se desarrollaron bajo una fina y persistente lluvia. La voluntad del pueblo paraguayo, en este caso casi exclusivamente asunceno, mostró su aguante proverbial. Llegaba el Padre y había que salir a recibirlo, aunque fuera bajo la lluvia.

Pero se notaba en pequeños detalles que dos voluntades habían caminado paralelas en su preparación: un programa protocolario –ciertamente necesario– y la esperada visita espontánea y confiada como si fuera la llegada de un ser querido en la propia casa, en el barrio o en la capilla.

Desde hacía días había sospechas de que el diálogo sincero y abierto sería difícil que pudiera abrirse paso. Los organizadores, con excusas varias, no habían dado paso a varias peticiones de indígenas y campesinos.

La preocupación primera para barrer la basura vergonzante y los crónicos baches fue lamentablemente una triste constante en el nivel organizativo civil y eclesiástico.

Hubo el consabido intercambio de regalos en el Palacio de los López, y después los discursos de rigor en una elegante carpa en el jardín. El telón de fondo semejaba una tupida selva, con plantas y flores.

Es el Paraguay que todavía se intenta proyectar hacia el exterior, cuando en realidad el Paraguay está hoy deforestado y calvo, solo cubierto por inmensos latifundios de cultivo de soja”.

Muy bien, Padre Meliá.