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Editorial
sábado 11 de febrero de 2017, 02:00

Nulos resultados del Ejecutivo en la lucha contra el EPP

La muy eficaz tarea cumplida por la Policía y la Fiscalía al resolver el reciente caso del secuestro del hijo de un ganadero y un peón en Amambay, al igual que otro caso anterior en Itapúa, contrasta con la falta de resultados de la Fuerza de Tarea Conjunta ante el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que mantiene secuestradas a cuatro personas desde hace mucho tiempo. Esta situación refuerza las teorías acerca de que los responsables de combatirlos realmente no buscan derrotar al grupo criminal porque su acción les resulta funcional, o porque las acciones policiales y militares en la zona Norte del país se han convertido en una especie de fructífero negocio. La única manera de desvirtuar estos cuestionamientos sería mostrar el mismo éxito logrado en los otros casos y acabar con los secuestros de la banda armada.

En apenas un día, un operativo policial y fiscal logró rescatar al joven Héctor Alexander Núñez, hijo del ganadero Héctor Núñez, y a un peón del establecimiento, secuestrados este miércoles 8 en la colonia Lorito Picada, Amambay, sin pagar el rescate exigido por los captores.

Otro caso similar había ocurrido en noviembre de 2016, cuando el productor Martín Hartmann fue secuestrado en la zona de Alto Verá, Itapúa. Con un aplaudido procedimiento, miembros de la Policía Nacional y de la Fiscalía Antisecuestro lograron rodear a los secuestradores y forzarlos a que liberen al colono, según la versión oficial sin pagar ningún rescate.

Estas eficaces acciones de las fuerzas de seguridad contrastan abiertamente con la inexplicable falta de resultados que vienen exhibiendo los integrantes de la Fuerza de Tarea Conjunta, integrada por policías y militares, encargados de perseguir y derrotar al grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que actúa desde hace varios años en la zona Norte del país.

Como nunca antes, el EPP mantiene en cautiverio a cuatro personas: al policía Edelio Morínigo desde hace 953 días, al colono menonita Abrahán Fehr desde hace 554 días, al joven Franz Wiebe desde hace 200 días y al ganadero Félix Urbieta desde hace 122 días.

A pesar del millonario presupuesto destinado a las presuntas acciones de lucha antisubversiva y a que el Poder Ejecutivo había logrado una ley especial para que las Fuerzas Armadas se involucren en una acción bélica considerada interna, hasta ahora los resultados han sido muy pobres, logrando solamente la captura o el abatimiento de grupos marginales desprendidos del EPP, pero no a sus principales cabecillas.

Esta situación refuerza las numerosas críticas que se han vertido desde sectores de la Conferencia Episcopal Paraguay (CEP), o de organismos estatales como el Mecanismo Nacional de Prevención de Tortura (MNP), que han acusado a la FTC de cometer abusos y violaciones de derechos humanos contra la población civil en la región. También se plantea la tesis de que los uniformados realmente no buscan derrotar al grupo criminal, porque su acción le resulta funcional al Gobierno, o porque la presencia de policías y militares en la zona Norte del país se ha convertido en una especie de fructífero negocio.

La diferencia entre lo que logran los equipos de policías regionales y fiscales contra secuestradores comunes, como los casos recientes de Amambay e Itapúa, es grande y llamativa. La única manera de desvirtuar los cuestionamientos contra el Gobierno y la FTC con respecto al EPP sería mostrar el mismo éxito logrado en los otros casos y acabar con los secuestros de la banda criminal.