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Mundo
sábado 20 de mayo de 2017, 01:00

Nuevas confesiones también alcanzan a Lula y Rousseff

Una nueva confesión sobre el pantano de corrupción en que parece haberse sumergido Brasil agravó ayer la ya delicada situación del presidente, Michel Temer, y alcanzó además a sus antecesores Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva.

Esta vez, las revelaciones partieron de los directivos del grupo JBS, que en un acuerdo de cooperación judicial confesaron que pagan sobornos a Temer desde 2010 y que, desde el 2005, distribuyeron entre Lula y Rousseff la suma de 80 millones de dólares, siempre por los “favores” realizados desde sus posiciones de poder.

Sobre Temer, uno de los dueños de la empresa, Joesley Batista, afirmó que le paga sobornos desde el 2010 y que, entre ese año y el 2011, llegó a entregarle una “mesada” de 100.000 reales (hoy unos 29.500 dólares) por diversos “favores” en el Ministerio de Agricultura.

En relación a Lula y Rousseff, las confesiones dicen que ambos le facilitaron a JBS la obtención de multimillonarios créditos con el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), entidad estatal también investigada por la trama corrupta en Petrobras.

El dinero de los sobornos, según JBS, alcanzó la suma de 50 millones de dólares en el caso de Lula y de 30 millones de dólares para Rousseff, y se depositaba en cuentas abiertas en el exterior. Batista admitió que esos créditos irregulares obtenidos con el Bndes ayudaron a la expansión de la compañía, que en los últimos años se convirtió en uno de los gigantes cárnicos a nivel global.

Las negociaciones con Lula y Rousseff, según dijo el empresario, tenían como mediador el ex ministro de Hacienda Guido Mantega. efe