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Opinión
domingo 26 de marzo de 2017, 01:00

Nuestros políticos y el juego de suma cero

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

Desde hace meses la sociedad paraguaya asiste estupefacta a una serie de enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo que –en muchos aspectos– tiene paralizado al país.

La sociedad paraguaya está harta de la interminable discusión sobre la legalidad, tanto de la reelección presidencial vía enmienda constitucional como de la utilización del Presupuesto del 2016 y la consecuente emisión de bonos soberanos.

Realmente es sorprendente que gran parte de nuestra clase política cometa la torpeza de dejarse atrapar en conflictos que en la teoría del juego se llaman juegos de suma cero. Juegos donde uno juega al todo o nada. Donde lo que uno gana el otro lo pierde.

La teoría del juego es un área de la matemática que fue desarrollada para entender mejor el comportamiento de las personas en la economía, en la política y en otros campos de la actividad humana.

Según esta teoría, si un solo elemento está en juego, el resultado siempre será ganar-perder. Por ejemplo: si en la compra de un automóvil el único elemento de negociación es el precio, lo que una parte gana la otra lo pierde. Es un juego de suma cero.

Pero si los puntos a negociar son dos o más, se abre la posibilidad de una negociación ganar-ganar. Por ejemplo: si en la negociación además del precio entran el financiamiento, el plazo de entrega y la garantía de posventa.

Un empresario hábil y ni qué decir un político hábil siempre intentarán entrar en una negociación con varios elementos, de manera que el juego sea ganar-ganar.

Solamente las personas muy simples y con mentalidad autoritaria se centran en un enfrentamiento donde intentan derrotar a la otra parte y, si es posible..., hacerla sentir humillada.

La vida moderna es tan compleja y tan interdependiente que la única manera inteligente de negociar los conflictos es con una actitud de ganar-ganar.

El ex presidente norteamericano Bill Clinton decía que cuando más complejas se vuelven las sociedades, y más complejas son las redes de interdependencia en las comunidades y en las naciones, más personas estarán interesadas en encontrar soluciones que sean ganar-ganar en lugar de soluciones ganar-perder, porque cuanto más crece nuestra interdependencia, generalmente prosperamos solo si los demás también prosperan.

Esta teoría es útil para entender lo que ha ocurrido la semana pasada en el Paraguay, con hechos que parecen que están poniendo fin a los dos grandes conflictos de los últimos meses.

El primer hecho ha sido la exitosa colocación en el mercado financiero internacional de los bonos soberanos por un valor de 500 millones de dólares.

Bien por el Paraguay, pero muy mal por las declaraciones triunfalistas e incluso burlonas que hizo uno de los ministros del Poder Ejecutivo hacia los parlamentarios. Con esa actitud no se construye una relación más positiva hacia el futuro.

El segundo hecho han sido una serie de declaraciones y acontecimientos que nos indican que el tema de la enmienda va camino a desinflarse y a eliminarse un foco de tensión que enfrenta a la sociedad paraguaya.

La semana comenzó con la declaración de Fernando Lugo de que "la enmienda está muerta", luego fue la inscripción del movimiento del vicepresidente Juan Afara para las internas del Partido Colorado y por último las declaraciones de Lilian Samaniego de que la enmienda pasa para el mes de junio.

En el primer enfrentamiento el triunfo ha sido del Poder Ejecutivo y en el segundo enfrentamiento parece que el triunfo será de los disidentes del Poder Legislativo.

Pero si en ambas partes continúa esa actitud agresiva y de confrontación; si en ambas partes continúa esa actitud de querer ganar todo y que el otro pierda todo, el conflicto continuará como un juego de suma cero y el gran perdedor será el Paraguay.