Sábado/12/ENERO/2008
Por Esteban Acevedo Flor
Antoliano Franco estaba de guardia en el motel Aries, a la altura del kilómetro 168 de la ruta Coronel Oviedo-Villarrica, el pasado 29 de junio de 2007, y observó en detalles todo lo que ocurrió esa noche en el choque que involucró a una furgoneta Toyota y a un automóvil BMW conducido por Max Hyalmar Friedmann, que derivó en la muerte de Cristian David Villalba y dejó otras cuatro personas heridas.
Franco recuerda los pormenores con claridad y muestra con exactitud los lugares donde se desarrollaron los hechos. "Yo fui la única persona que vio todo lo que ocurrió", dijo.
Aseguró que Max Hyalmar Friedmann viajaba solo en su moderno automóvil y que el menor César Luis S. F., que según la carpeta fiscal era su acompañante, solo se unió a él luego de consumarse la tragedia.
SIN COMPAÑÍA
"El chofer manejaba solo, de eso estoy seguro. Detrás de él venía una camioneta lujosa, de la cual bajaron tres personas. Al ver lo que ocurrió, una jovencita dijo: "¡Es Max!", y le ayudaron a subir en la camioneta, con la cual se fueron hacia Villarrica", alegó.
El guardia comentó que antes de esto se acercó al BMW y le pidió al chofer que le ayudara a auxiliar a las víctimas.
"Él estaba bien, tenía algo grande como un globo (airbag) que le protegía la cabeza y la cara. A él no le pasó nada, por eso le pedí ayuda, pero no me hizo caso. A lo mejor si le sacábamos a tiempo al chofer de la camioneta salvaba su vida", indicó, en alusión a Cristian David Villalba (25), quien falleció en el acto.
Franco repite una y otra vez que el chofer del automóvil (Friedmann) se negó a asistir a las víctimas del accidente.
Alegó que en el piso del BMW observó botellas de bebida alcohólica y latas de cerveza.
"Cuando aparecieron las autoridades, yo pregunté quién era el que mandaba y me dijeron que era el fiscal, que tiene un apellido difícil (Elizaur). A él le conté todo lo que vi y también le dije que el chofer del auto se negó a ayudar a los heridos. El fiscal sabe todo eso", precisó.
OMISIÓN. El testimonio del guardia privado no fue tenido en cuenta por el representante del Ministerio Público, Bernardo Elizaur, según se desprende de la carpeta fiscal del caso.
Esta situación fue puesta en tela de juicio por la querella, a cargo de la doctora Norma Girala y las asistentes Dilma Ibarrola y Áurea Álvarez.
Una eventual testifical hubiera aportado la evidencia de omisión de auxilio que Elizaur en todo momento alegó no encontrar, basado, según dijo, en los análisis del peritaje policial y los relatos de los testigos que él aceptó como válidos.
¿IMPUNIDAD? EL CASO TOMÓ UN GIRO INESPERADO
La querella en todo momento reclamaba justicia y dice que el fiscal, en contra de la lógica jurídica y sin agotar las instancias de investigación y procedimiento de rigor, no dejó resquicio para llegar al juicio oral e incluso pidió el sobreseimiento del acusado. "Es difícil luchar contra los poderosos. Este es un caso típico donde la Justicia se somete a los intereses de los que tienen más, dejando un magro precedente de imparcialidad", dijo la abogada Ibarrola.
Poder e influencia. Ayer publicamos cómo un fiscal de Villarrica se niega a hacer justicia en un caso de muerte en accidente de tránsito.
FRIEDMANN DICE QUE USARON SU TELÉFONO PARA MENSAJEAR
A través de sus abogados, Rodolfo Max Friedmann afirmó ayer, ante la prensa guaireña, que el mismo no envió ningún mensaje satírico o de amenaza a la abogada de la querella, Norma Girala.
La ex fiscala dio a conocer un legajo de los mensajes que, según dijo, le llegaron desde el número de celular de Friedmann, el cual contenía palabras de grueso calibre, humillantes y soeces, en contra de su persona, alegó.
"Yo no mandé ningún mensaje. Posiblemente lo que habría pasado es que algún personal mío agarró mi celular para mandar esos mensajes, que yo desconozco totalmente", hizo decir el candidato a diputado departamental por el oficialismo colorado a una emisora de radio villarriqueña que le requirió su versión acerca de la publicación de Última Hora.
De acuerdo a datos de sus custodios personales, Friedmann, en compañía de su hijo Max Hyalmar y una hija, entre otros, se encuentra de vacaciones en Argentina y regresaría el próximo lunes.
La querella sostiene que el sospechoso del accidente fatal debería estar preso.
SÁLVESE QUIEN PUEDA
En Villarrica todos conocen el caso Friedmann, pero pocos quieren hablar. Hay miedo. Mucha gente dice que Rodolfo Friedmann es capaz de empapelar la ciudad con dinero, con tal de no caer en la desgracia de ir preso. En ese ambiente se mueve la Justicia, con un marco poco propicio para la imparcialidad.
La mansión guaireña de César Sosa Aguilar, padre del menor acusado en la tragedia. Nadie respondió ayer cuando periodistas de ÚH llegaron al lugar.