La historia de los presupuestos es la misma de siempre: el Estado prevé gastar más en salarios de inoperantes acomodados por prebendas políticas generadas en lealtades a las autoridades de turno, antes que asignar recursos para que el país supere males crónicos que impiden su despegue y fortalecimiento.
La miopía de los gobernantes se refleja en la forma en que construyen el complejo andamiaje que determina el destino del dinero recaudado por el fisco. Prefieren –por razones obvias, acordes a sus intereses políticos coyunturales– mantener contenta a una masa donde pocos son los productivos y muchos los que solo cobran sus haberes cada fin de mes.
La política del Poder Ejecutivo es errada porque ignora las grandes necesidades que atraviesan sectores críticos, sin resolver presupuestariamente los problemas que les aquejan. Por el contrario, por congraciarse con el electorado colorado que apenas trabaja 35 horas a la semana –los del sector privado tienen 48 horas laborales en el mismo lapso– para que vote por quien gane las internas, se les otorga un privilegio inmerecido.
El proyecto prevé un 10 por ciento de aumento para los estatales. Además de ello, casi 90.000 docentes obtendrán un incremento del 20 por ciento. Esta situación habla a las claras de una discriminación que desangrará aún más las ya muy golpeadas arcas públicas.
Una falacia sobre la que opera el Ministerio de Hacienda es que el gasto público aumentará un 7.5 por ciento. Si se considera que el crecimiento esperado es del 5 por ciento, hay un déficit del 2.5 por ciento.
Por otro lado, la afirmación de que se busca un presupuesto equilibrado es falsa, ya que se emiten bonos que, a la larga, deben ser honrados. Con ese mecanismo de equilibrio artificial, el déficit fiscal puede ir aumentando.
Si se pensara que el Congreso va a intervenir para modificar el orden de prioridades, dando preeminencia a números relacionados con el desarrollo antes que al clientelismo político-partidario, se corre el riesgo de equivocarse de cabo a rabo. Históricamente, las dos cámaras han sido dóciles instrumentos para refrendar las determinaciones asumidas por la conducción económica oficial. A lo sumo, han recortado o aumentado montos también con intenciones meramente políticas.
Lo claro del presupuesto es que el presidente Nicanor Duarte Frutos usará gran parte del patrimonio colectivo para beneficiar a sus adeptos. Lo más seguro, atendiendo a la tradición, es que los opositores lo secunden tratando también de obtener ventajas. Al final, el país es el que saldrá perdiendo, una vez más.