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CORREO SEMANAL | 17:14 | Sábado, 16 de Junio de 2012

Ray Bradbury: De la ciencia ficción a la condición humana

El Correo Semanal de Diario Última Hora analiza facetas del genio de Bradbury, con una entrevista de Blas Brítez al escritor Osvaldo González Real, una valoración literaria de Sergio Cáceres Mercado y otra sobre el cine y el escritor, a cargo de Hugo Gamarra Etcheverry.

Foto: Gentileza Correo Semanal
Foto: Gentileza Correo Semanal

Blas Brítez

bbritez@uhora.com.py

El escritor paraguayo Osvaldo González Real tradujo la obra de Ray Bradbury al español. Además, su propia literatura se halla marcada por el autor de Crónicas marcianas. Aquí ofrecemos su valoración

Carlos Villagra Marsal suele enunciar una verdad pocas veces asumida: para ser un lector competente --y así aspirar a ser un buen escritor-- hay que manejar por lo menos una lengua, además de la materna. Para Osvaldo González Real ese aserto tiene vigencia: gracias a su buen dominio del inglés, ha sido traductor de grandes poetas como T. S. Eliot y Ezra Pound. También de Ray Bradbury, a quien lo une algo más que el idioma: González Real, bajo el influjo de aquel, ha incursionado en la ciencia ficción en su libro de relatos Anticipación y reflexión (justamente prologado por Villagra Marsal).

El también crítico literario conversó con el Correo Semanal sobre el recientemente fallecido escritor norteamericano, quien alguna vez le agradeció la traducción enviándole un libro suyo dedicado.

--Como escritor de textos de ciencia ficción, ¿cómo valoraría la obra de Ray Bradbury?

--La obra de Ray Bradbury se considera como una de las máximas expresiones de la ciencia ficción. Junto con Asimov y Clarke son los pioneros en esta tendencia de la literatura fantástica. Creo que se diferencia de los otros maestros del género por su intensa preocupación por el destino de la especie humana y el peligro de extinción que la amenaza: desde la posibilidad de una guerra nuclear hasta los problemas climáticos y de polución ambiental debida a los desechos humanos. Teóricamente, moriremos ahogados en nuestra propia basura. Bradbury evitó sistemáticamente el estilo que priorizaba los aparatos y las máquinas, y prefirió la descripción lírica de la vida futura: una civilización --como la de los griegos-- que preconizaba la conjunción del arte y la filosofía (como la de los habitantes de Crónicas marcianas).

--¿Cuánto ha influido en su obra?

--Cuando estudiaba en los Estados Unidos, había tomado unas clases de Astronomía en la universidad y juntamente con las teorías sobre el Universo (el Big-Bang, etc.) descubrí la obra de Bradbury, con sus connotaciones cósmicas, y me entusiasmé con el elemento casi metafísico de sus historias. En Crónicas marcianas --su obra cumbre-- asistimos a la visión de una milenaria civilización (que muere por causa de la contaminación traída por los terráqueos) y que podría haber sido un modelo de perfección para la humanidad. Yo le debo mucho; fue un maestro para mí. El énfasis en lo ecológico y la "distopía" como técnica narrativa son herencia de sus enseñanzas. También la elección de personajes juveniles como héroes. Y, sobre todo, la idea de que el Universo es poético-matemático (como diría Pitágoras). ¿Será la historia del hombre un picnic de un millón de años?

--Usted tradujo un cuento suyo. ¿Cuál fue y cómo ha sido esa experiencia?

--Cuando todavía no existían traducciones al español de la obra del genial escritor, decidí traducir uno de sus cuentos, para ser publicado en la página literaria de La Tribuna (periódico en el cual trabajaba). Creo que dicha traducción impactó en los lectores del suplemento dominical, quienes de esta manera tenían conocimiento de uno de los más importantes autores de esta modalidad. Posteriormente, gracias a una visita que Ana Iris Chaves de Ferreiro hiciera a los Estados Unidos (para visitar a escritores famosos), ella se entrevistó con Bradbury y le comentó que un escritor paraguayo había traducido un cuento suyo. El autor norteamericano (que hablaba español) quedó muy sorprendido por la noticia y me envió (a través de Ana Iris) su último libro, The Machineries of Joy (Las Maquinarias de la Alegría, de un poema de W. Blake), con una dedicatoria que decía: "Para Osvaldo González Real, de un escritor a otro, con buenos deseos de Ray Bradbury. Diciembre de 1978".

--Además de usted, ¿qué otros autores paraguayos o latinoamericanos recibieron el influjo de Bradbury?

-- Hay muy pocos escritores de esta rama en el Paraguay. Creo que habría influido más en escritores de otros países, como Argentina, por ejemplo. Probablemente haya inspirado la obra de Angélica Gorodischer o Borges.

Bradbury predijo muchos inventos: el libro electrónico ya aparece en un cuento de Crónicas marcianas (1946), llamado "Ylla". La utilización de las avispas venenosas --disparadas en enjambres, desde un arma de aire comprimido-- fue llevada a cabo por los vietnamitas contra los norteamericanos (en este caso insectos amaestrados por un monje).

Adiós al hombre ilustrado

Sergio Cáceres Mercado

caceres.sergio@gmail.com

Decir Ray Bradbury es decir ciencia ficción. ¿O no? En realidad, su literatura exploró otros géneros, y aunque ciertamente es en la ciencia ficción donde hizo sus aportes más notables, en realidad su trabajo trasciende la frontera de cualquier género. Tocaba temas universales y eternos y la sci-fi era solo la excusa.

Eso es lo que Bradbury transmite en sus libros fundamentales: Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas. Apenas nos adentramos en la trama, olvidamos que estamos en el futuro, o apenas esto se vuelve anecdótico. Nos envuelve el drama humano y la absurdidad de la vida en toda su expresión. El escritor podía lograr esto en otros géneros. Lo hemos comprobado en el único cuento que no ocurre en el pasado que hemos tenido el placer de leer: "El tambor de Shiloh"; la prosa tan poética de Bradbury no deja de mostrar el contraste de la inocencia infantil y la tragedia de una batalla bélica, todo esto sumado a que recrea un hecho histórico de la guerra civil estadounidense.

En Fahrenheit, el autor trata sobre la posibilidad de una vida planetaria donde toda nuestra vida es controlada bajo un autoritarismo que prohíbe el pensamiento libre, lo que se refleja en la aniquilación de los libros. "La gente era forzada a la sumisión; no huía, no había sitio adonde huir", dice el relator. Toda la cultura de Bradbury provenía de las bibliotecas, pues apenas tuvo vida escolar, no fue un egresado universitario como sus colegas Asimov o Clarke, por eso sabía de la importancia de la cultura que se puede obtener a través de la lectura libre y autodidacta.

El control mental que se podía tener a través de la televisión y la vida que se perdía frente a la pantalla son una de las preocupaciones centrales en la novela. Ya en otro cuento, "Las maquinarias de la alegría", llama a la TV "espectro profano", "bestia electrónica", "idiota eléctrico", "máquina Medusa que le congela a uno la inteligencia si la mira un rato" y "espectro diabólico".

Su obra de genio

Sin embargo, la expresión más genuina de su genialidad literaria la encontramos en los relatos de Crónicas marcianas. La profundidad y el toque humano quedan palpables allá lejos, donde justamente el ser humano no es tal, aparentemente. Marte es rojo y tiene canales, por supuesto. Lejos estamos aún de las fotos de las sondas que la NASA enviará más adelante. Pero eso es lo de menos, no estamos ante la "ciencia ficción dura" que gusta a Asimov. En el aire respirable de los marcianos van llegando "como" langostas los humanos. Bradbury aprovecha la situación para hacer una crítica feroz a la humanidad. La vergüenza planetaria nos ahoga e interpela.

En la Introducción que escribió para su compilación de cuentos policiacos confiesa: "La ficción policiaca así como los géneros de fantasía, ciencia ficción y horror eran mi fiesta. Pero mi talento se desarrolló más rápidamente en los últimos, porque exigen intuición". Pero antes de eso, hace otra: "El año en que dejé la escuela secundaria, en Los Ángeles, adopté para el resto de mi vida el régimen de escribir un cuento por semana". Y lo cumplió hasta el final de sus días. Era talento y mucho, mucho trabajo. Por supuesto, admite que la mayoría de su producción no valía la pena, pero quedaban algunos que lo han hecho inmortal. "Yo me debatía y caía; a veces perdía, a veces ganaba. Pero me esforzaba". Él era el hombre ilustrado del cual alguna vez escribió, es su autorretrato. Jamás encontró a la bruja que lo "maldijo" con ese don de contar historias, para fortuna nuestra.

Bradbury y el cine

Hugo Gamarra Etcheverry

Cineasta

Tenía 17 años cuando llegaron a mis manos, mediante la generosidad de mi padre (quien nunca sintió pasión por los libros), las colecciones de cuentos El hombre ilustrado, Crónicas marcianas, Fantasmas de lo Nuevo y Las Doradas Manzanas del Sol. Fue el año excitante de mi vida en que también leí a Julio Cortázar. Mi adolescencia giró entonces en forma radical hacia la lectura, para preocupación de mi madre y mi pandilla del barrio. Esos cuentos transformaron mi intimidad, disparando mi pensamiento y mi imaginación a dimensiones que no sabía existían.

Por eso no puedo estar indiferente ante la reciente muerte del prolífico escritor norteamericano que elevó la ciencia ficción a las alturas de la mejor literatura, el que modeló el imaginario fantástico del siglo XX (como lo hicieran Julio Verne y H. G. Wells en el siglo XIX), el que inspiró a generaciones de científicos y astronautas, el que me enseñó, como a otros millones de lectores, a razonar, soñar, sentir y crear. Y por eso, al pensar emocionado a Ray Bradbury, recupero el sabor y el placer de los libros.

Este hombre, que dejó como pedido póstumo que sus cenizas sean esparcidas en el planeta Marte, era un genial narrador y poeta. Usó principalmente la fina precisión del cuento (aunque su novela Fahrenheit 451 brilla como un clásico) para tejer relatos deliciosos con temas morales y espirituales, también la soledad, la solidaridad y la sobrevivencia de la humanidad ante el materialismo y la tecnología. La potente fantasía que desplegó, con genuino talento e ingenio, en sus textos de los años 50 y 60 conduce, por caminos de ternuras, horrores, nostalgias, compasiones y algarabías, hacia un final trascendente, a veces angustiante, casi siempre profundamente humano.

El cine no pudo ser indiferente al amor que Bradbury le prodigó desde su infancia. La versión fílmica por François Truffaut de Fahrenheit 451 (1966; protagonizada por Julie Christie y Oskar Werner) fue, sin duda, un gran acontecimiento internacional e hizo justicia a la pasión compartida por los libros y el cine.

Sin embargo, las adaptaciones de El hombre ilustrado (director: Jack Smight, 1969; con Rod Steiger) y Crónicas marcianas (convertido en miniserie; director: Michael Anderson, 1980; estelarizado por Rock Hudson) no tuvieron la trascendencia que sus relatos merecían. Resultaron irregulares, rechazadas por el mismo autor por "aburridas". Pero, aún fallido, El hombre ilustrado fue una combinación intrigante de historias, en diferentes géneros y tonos, inolvidable para mucho público. La última película basada en su literatura fue la malograda El sonido del trueno (director: Peter Hyams, 2005).

El mismo Bradbury fue contratado por los Estudios Disney para adaptar su Something Wicked This Way Comes (El carnaval de las tinieblas; director: Jack Clayton, 1983; con Jason Robards), la que en su oscura fantasía logró entusiasmar a muchos.

Curiosamente, su más exitosa incursión en el lenguaje audiovisual fue una multipremiada serie de televisión mayoritariamente canadiense, The Ray Bradbury Theater, la que, a lo largo de 65 episodios de 23 minutos (entre 1985 y 1992), fascinó a televidentes de Norteamérica y Europa. Y no puede dejarse de destacar su exitosa cooperación con el gran John Huston para llevar a la pantalla el Moby Dick de Melville (1956; con Gregory Peck), que es hoy considerado un raro clásico en la historia del cine. No me cabe duda de que el cine tiene aún muchos amores pendientes con Bradbury.

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