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El comercio es factor clave en la dinamización de la economía. Es el nexo ineludible entre la producción y el consumidor. Y hay un tipo de centro comercial que ha ido ganando importancia y prestigio en los últimos años por la facilidad que brinda al público para encontrar todo lo que busca en un mismo espacio: el supermercado.
Conforme han ido creciendo en amplitud, los supermercados también lo hicieron en la atracción ornamental y en la exigencia de vender solamente artículos impecables en su elaboración y cuya presentación induzca al consumidor a confiar plenamente en que lo que tiene ante sus ojos es digno de ser adquirido.
La estética juega aquí un rol preponderante en la elección final del cliente.
En términos simples, a las grandes cadenas de supermercados no llegan productos que no cumplan con requerimientos en extremo rigurosos.
Es por ello que lo anunciado recientemente en la Expo Capasu del decimocuarto encuentro anual de la Cámara Paraguaya de Supermercados, en cuanto a que la producción paraguaya está ganando cada vez más lugares de preponderancia en las góndolas, resulta gratificante y debe llenarnos de satisfacción y de orgullo.
Esto denota que el público opta por lo nacional y le da circulación. Y es sabido que el consumidor no elige un producto paraguayo solo por patriotismo. No le importa la procedencia; busca ventajas en su compra, demanda un perfecto equilibrio entre calidad y precio.
Es decir, si adquiere un artículo nacional pudiendo tomar uno importado, lo hace consciente de que obtendrá una satisfacción.
El mérito de la producción nacional al imponerse en el escenario supermercadista tiene connotaciones casi épicas teniendo en cuenta que la competencia que viene del exterior es colosal. El Paraguay tiene el mercado más abierto de la región; no hay restricciones para la importación, y la producción paraguaya ha debido sobreponerse constantemente a los efectos de políticas regionales de dumping y al contrabando.
Producir en el Paraguay no es fácil; por las dificultades de financiación, por la estrechez del mercado interno, por las trabas inmisericordes que imponen los vecinos a nuestra exportación y por otros tantos factores adversos.
Pese a todo, los emprendedores compatriotas crecen cuantitativa y cualitativamente en una demostración de arrojo, creatividad y visión universal. Lo de los supermercados lo demuestra de manera incuestionable y nos lanza un mensaje clave: los paraguayos podemos (a pesar de los políticos).
Pero esto debe ser apenas un comienzo. Hay que seguir creciendo, abriendo más agroindustrias, industrias, servicios. Y el Gobierno tiene la obligación de apuntalar esta realidad estableciendo el marco propicio para producir y asimilando racionalmente una verdad insoslayable que supera a cualquier dogma ideológico: el sector privado es el único que crea riqueza genuina y la distribuye de manera justa y equitativa.
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